2b leyendo la elección: Santa Rosa, la que siempre alumbra intendente en parto prematuro

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Santa Rosa (por Luciano Gaich, para 2b)- Luciano Di Nápoli ganó –y por un amplio margen- la elección para intendente de Santa Rosa ayer, por las mismas causas que unos cuantos de sus antecesores. Y, algunas menos, menos parecidas. La más significativa es el voto castigo, que en la capital de la provincia, ya es una costumbre, una tendencia a la hora de “elegir”.

Francisco Torroba llegó a la intendencia tras la formación de un frente progresista entre el radicalismo, el socialismo y otras corrientes de izquierda en respuesta a la corta y accidentada “gestión” de Juan Carlos Tierno, que terminó con su destitución después de 103 días de haber asumido y tras unas cuantas multitudinarias marchas ciudadanas que derivaron en la mayor crisis institucional de la historia moderna de La Pampa. Tierno había sido el candidato oficialista del PJ cuando Rubén Marín era el presidente del Consejo, Carlos Verna el poder en las sombras y Oscar Mario Jorge el gobernador.

El gobierno de Torroba fue uno de los mejores que se recuerden en Santa Rosa. Pero terminó mal, con varios desaciertos, con luchas intestinas dentro de la coalición y con el siempre efectivo fogoneo externo del peronismo, herido al haber perdido el control de la ciudad. El resultado fue otro voto castigo. Esta vez es “favorecido” fue el bioquímico Luis Larrañaga, quien ganó la interna cuando el peronismo pampeano volvía a coquetear con el kirchnerismo; de hecho algunas áreas de la Municipalidad fueron dirigidas por funcionarios de esta corriente, tras el pacto de Verna con Cristina Fernández.

La desastrosa gestión de Larrañaga, con el agregado del desbarajuste nacional, pero principalmente por los propios errores, trajo como consecuencia la pérdida de la intendencia de Santa Rosa por parte del peronismo a manos de Leandro Altolaguirre, quién había ido de punto en las internas de Cambiemos. Aparecía como el más “progresista” de los candidatos, pero el gobierno de Macri le dio la espalda, los prometidos fondos para obras nunca llegaron, su gestión se “derechizó” y finaliza con una comunidad descontenta, tal como lo expresaran las urnas ayer.

Otros dos factores importantes posibilitaron el resultado de ayer. Por un lado el golpe de suerte que significó el anuncio de la ex presidenta en el sentido de que –finalmente- participará del proceso electoral de octubre, le vino a Luciano Di Nápoli como anillo al dedo, traccionando la inercia del repudio local al gobierno de Cambiemos en su favor.

Por el otro, el arrastre provincial, para el que el gobernador Carlos Verna se puso la campaña al hombro, sabiendo que por sí sola, los candidatos no movían el amperímetro lo suficiente. Esto también se traduce en fondos para la campaña, estructura partidaria, visibilización bajo ese slogan que armaron de “Proyecto Verna” en un clásico caso del paternalismo histórico que mueve a los partidos tradicionales.

Es un parto prematuro, que habrá que ver cómo resulta: para Di Nápoli será su primera experiencia en un puesto ejecutivo, que dependerá directamente de la relación que mantenga con el gobierno provincial, ya que, por más pichón de Cristina que sea, por ley no puede recibir el fluyo nacional directamente.

Para Altolaguirre (y por traslación, a la ciudadanía), el parto aparece más complejo: todavía le quedan 7 meses de gestión.

 

 

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