Narcos pampeanos… próxima, y limitadamente, en Netflix (o Canal 3)

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Santa Rosa (por Jotaté, para 2b)- La semana venía tan aburrida como viajar por las rutas del oeste pampeano, entrar en un estado de ensueño lisérgico, quedarse dormido y enfiambrarse en un vuelco: algo así dice cierta mitología pampeana. Todo muy llano y tranquilo hasta que apareció la ruta de la droga, información publicada por dosbases. Pero esta historia no pretende desparramar juicios morales sobre los involucrados, porque para eso existen jueces y fiscales; y porque el periodismo no debería condenar a nadie ni tampoco lleva la marca de la gorra.

Con la ética bajo el brazo, en la función social, un periodista comunica información y que el público, descifre, contraste y arme una geografía de la elucubración, en todo caso -haciendo uso del tiempo de ocio dominguero o de lunes por la noche- una película en cuyo abstrac aparezcan desde la red de operaciones hasta los intereses políticos en juego. El lector es quién decide. Pero hablemos de la serie.

Me había despertado cerca del mediodía, y la noticia ya estaba circulando por el espacio virtual de los medios digitales que se sumaron a la primicia de 2b; como espectador, uno no puede dejar pasar semejante engranaje donde el tópico o categoría es: “drogas y política”. Entonces, se había destapado la droga, una lista de 25 protagonistas entre sacerdote, diputado y policías, investigado por una organización de tráfico de drogas, tipo, imaginemos, una organización para espionaje de Patricia Bullrich… una gran trama dominguera.

Y por ejemplo, un diario informaba que apareció el perro “Pucho”, que se había extraviado por las rutas pampeanas, luego de un accidente. ¡Qué aburridos! Por Dios.

Pero volvamos a la noticia, y sobre lo que nos dice la ficción, desde el punto de vista narrativo. Digamos que en la producción cultural, “drogas y política” entra en ese subgénero tan sobreexplotado y consumido – como una droga- en plataformas como Netflix. Pero acá no tenemos a narcotraficantes pop, canonizados por la cultura netflixera onda Pablo Escobar poniendo a los cárteles mexicanos a la vanguardia mundial, o al docente Walter White tratando de dar un sentido a su vida, dándose grandes dosis de adrenalina criminal o como esa serie mexicana romántica Tijuana, donde un grupo de periodistas ejercen y militan la ética del periodismo llevándola hasta el extremo, es decir, se convierten en mártires.

No. En nuestra serie aparece una red que le podríamos llamar: Narcos en la ruta del desierto. Tenemos a un cura, presbítero del Servicio Penitenciario Pampeano, “Mulero”, trasladaba cocaína en forma de ostia cristiana, haciéndola pasar como el cuerpo de cristo. Un grupo de policías corruptos en complicidad con la caminera, recibían información de los cargamentos de cocaína que ingresaban por las rutas del desierto, y finalmente, un diputado, víctima del fuego “amigo”, le tiraron un carpetazo dándole manija a un viejo mito (inventos pueblerinos del boca en boca) que lo persigue desde la adolescencia, que dice que maneja la droga. Por supuesto, próximamente en el catálogo de Netflix. Y si no pega, la veremos en Canal 3. Eso sí, todo es pura ficción.

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