Ah re-pentido: Bertone, después de quedar manco de tanto falsear firmas, se internó en el bosque para «meditar y aprender de los errores»

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Santa Rosa (2b)- El delegado regional del Ministerio de Producción y Empleo de Nación, Luis Bertone, no está pasando por su mejor momento. Fuera del PRO y cercado por el escándalo de los avales truchos que presentó el pasado 22 de junio con la intención de inscribirse como candidato a diputado nacional por Juntos por el Cambio, ahora afronta una denuncia y hasta peligra su cargo. Qué mejor, en ese panorama, que buscar una conexión profunda, bien humana, internándose en el bosque de Quehué. Y allá fue pues, según contó él mismo: «Tres horas caminando por el bosque. Meses tenía sin hacer ésta, una de mis actividades favoritas. Tres horas para transformar las experiencias en conocimiento y aprender de los errores», posteó. Ya volvió, por suerte. Dijo que tuvo «una audiencia con Dios».

El 22 de junio Bertone presentó una resma de firmas truchas. Lo increíble es que llenó las planillas con avales falsificados en los que hasta una rival estaba incluida, una histórica dirigente radical fallecida, Francisca Paquita Manzano. En el colmo del cinismo, el funcionario nacional ensayó una explicación ridícula que le compraron varios medios: A uno le dijo que se bajó a pedido, nada menos, que del ministro del Interior Rogelio Frigerio para que su candidatura no afectara a Mauricio Macri, y más tarde en otro matutino culpó a la gente que «contrató» para juntar avales por semejante guasada.

Cuestión, la actitud le valió severos problemas en el partido, aunque enseguida el PRO salió a despegarse porque nunca se afilió, mientras que su cargo tambalea, a pesar de sus ingentes esfuerzos por viajar a Buenos Aires y pescar selfies con cuanto funcionario se cruce.

Bajo ese complejo panorama es que Bertone decidió internarse en el bosque, y por suerte compartió la experiencia para todos nosotros, con los animalitos como testigos: «Tres horas de contacto directo con la naturaleza, con los ciervos, con los jabalíes, con las aves. 3 horas sin teléfonos, sin interrupciones, sin adrenalina. Tres horas de reflexión profunda, esa que no es posible en el quehacer diario», contó.

Y agregó, casi poéticamente: «Tres horas para transformar las experiencias en conocimiento, a través de la reflexión. Para meditar y aprender de los errores. Para aprovechar a volver a charlar con los que ya nos han dejado, y volver a tenerlos cerca, aunque sea en nuestra mente. En fin, tres horas de una audiencia a solas con Dios. Una audiencia para explicar por qué hicimos lo que hicimos y por qué creemos que hacemos lo correcto». Quizás le contó lo de los avales.

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