Las impresiones de 2b en la plaza del Cambio: El Dios de Carrió, el Whatssap de Peña y el “Sí se puede” de los creyentes.

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Santa Rosa (2b, por Jotaté) – Cuando más de uno pensaba que después de la derrota de las PASO, no había quedado más que el apoyo de los bots- odiadores de Marcos Peña en las redes sociales, el gobierno, a través del actor Luis Brandoni en cultura y Elisa Carrió en paranoia, tuvo su jornada de apoyo en un auténtico sábado inglés: una tardecita soleada a las 17hs, después de la siesta, previo a merendar una torta de limón con té, metiendo doble dedo y meñique afuera.

La militancia macrista había llamado a concentrarse en las plazas públicas de todo el país, cuyas consignas consistían en “defender a la República” e incitaban a continuar con el “cambio”. En la Plaza San Martín de Santa Rosa, allí, un puñado de no más de 200 personas – esta crónica evita el prejuicio, pero en su mayoría eran vecinos de la tercera y última edad- que giraban en modo calesita alrededor de la plaza de la fe.  “Che pibe, vos también viniste a apoyar al presidente”, me preguntó un señora amable, de unos 65 años. “No, pase a sacar unas fotos, nada más”, respondí. La mujer estaba sentada sobre una fuente de agua, pero sin meter las patas adentro, claro.

“Usted vino a la concentración”, le pregunté. La señora decía que nunca  cantaba su voto, pero que el país necesitaba un cambio  – ni nombro la palabra Macri-, y que Argentina era un país “irrecuperable”, donde Mauricio la ligó por querer curarla, como por exceso de generosidad. “Hay esperanza, hay mucha gente en el extranjero que no voto”, lanzó la señora, en consonancia con el spech parecido al stand up de Carrió en la reunión de gabinete ampliado, cuando dijo que el “verano europeo era hermoso”, refiriéndose al voto de los esquiadores.

Pero la esperanza seguía su curso. Los diputado/as Josefina Díaz y Maximiliano Aliaga, comandaban la marcha de la ex alegría- ahora esperanza- junto a funcionarios de la municipalidad en retirada y de algún que otro ex peronista despechado. Porque en verdad, ya ni los mercados ni el periodismo “responsable” (hasta Héctor Magnetto comienza a ver con buenos ojos a Alberto) le quedó al presi, donde lo miran con desesperanza en su país, sumado a que el mundo lo abandono. Sin embargo, el gobierno parece sostenerse con una espiritualidad curiosa, onda pastiche; quiero decir, un poco del Dios cristiano de Elisa Carrió, un poco de optimismo tecnológico de Marcos Peña y otro poco de: “Yes, we Can”, el “Sí se puede” que todavía es coreado por un 33% duro de macrismo.

“¿Qué están festejando?”, preguntó un joven robusto que pasaba. “Es una marcha a en apoyo a Macri”, respondí, mientras la caravana se desplazaba hacia la estatua de San Martín, ahora cantaban el himno nacional. “Pensé que estaba jugando Argentina”, concluyó el pibe. Entendí que semejante acto de patriotismo eufórico nada tenía que ver con una Argentina endeudada hasta el fondo con el FMI; y donde pareciera que dar “señales” de tranquilidad a los de “afuera”, resulta ser más importante que llevar tranquilidad a los de “adentro”; a los laburantes del día a día, que en definitiva, son la inmensa mayoría de los votantes del país.

El “Si se puede” hacía dar risa a los niños que jugaban en la plaza mientras que a las parejitas jóvenes les importaba un comino. “Vamos, para ustedes también es, o quieren vivir de planes”, provocó un señor calvo de envuelto con una bandera Argentina, a un grupo de pibes sentados en un banquito, qué tampoco les importó un comino.

Era el fin. Todo parecía haber terminado. La marcha en apoyo a Macri en un auténtico sábado inglés después de la siesta. Por supuesto, parecen decir que no le perturban la vida a nadie, que no cortan ninguna calle, y que su tiempo de ocio es utilizado por el bien de la República. Entonces quizás, lo que no comprendieron es que una gran mayoría de este país sufre, y eso se vio reflejado en las urnas.

Ahí  lo vemos a Marcos Peña, con optimismo tecnológico: tiene esperanzas en que WhatsApp haga recapacitar a los que no lo votaron. Cree en el Dios redentor de Elisa Carrió. Y por qué no, en la República añorada de Brandoni que nunca existió.

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