2b te la cuenta: El detrás de la escena del día de la Lealtad en una Laguna que no llovió y donde hubo platos que nadie mandó a lavar

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Santa Rosa (2b, por Jotaté)- “Se va a llover todo: mirá el pronóstico; esssa”, decían algunos macristas mientras se persignaban mirando al cielo, confiados en la neblina y el lloviznón que le estaba por dar en los dientes al viejo axioma del sol y el día peronista que tanto pregonó el General; porque el sol, de ninguna manera, tenía que salir. Quizás así se cumpla el «Mauricio la da vuelta», o vaya uno a saber. Cuestión, desde el lunes que los mesiánicos pronósticos (que erran tanto como Higuaín) amenazaban con posibles lluvias para toda la semana: Por suerte, para el peronismo, otra vez la «pipearon» de lo lindo. Entonces, el día de la Lealtad Peronista había llegado: Un 17 de octubre, en Santa Rosa La Pampa, sobre el costado del único espejo del agua de la Laguna Don Tomás donde ya ni los peces respiran; una tarde soleada pampeana, de calor, con el olor al choripán saliendo de las parrillas mientras se escuchaba el ruido de la grasa chorreando (no en la que usted piensa y asiente cabeceando amigo macrista, sino la literal), la militancia, los visitantes; y Verna, Cristina y Alberto en una tarde de fiesta peronista.

El primer orador fue Carlos Verna, con la misma tonalidad campechana y el rostro sonriente, con voz entrecortada descansaba a Macri: el presi era una piedra que se le cruzaba al peronismo – Alberto también uso la metáfora de la piedra-. Minutos después, Carlos confirmaba los 40 años de peronismo pampeano, y recordaba viejas batallas a “muerte” como aquella de 2015, cuando le ganó al aparato del kirchnerismo , la Cámpora, y si lo apurás también al Ejército Rojo del mariscal Zukov,  una interna. Hoy 4 años después, lo rodea el colorido de los nuevos tiempos, todo un festín progre- peronista, porque es con Todos y con Todes, y porque Verna ya aprendió a decontruirse; hasta le pidió a Cristina que aclare que nunca la había mandado a lavar los platos, y sacarse el mote de machirulo… ¡Vamos! Pero la nostalgia lo invadía, entonces se le aparecieron en el discurso los peronistas del oeste pampeano, los de la pampa profunda, los western de Perón y Evita, los que se pegan una ducha, se ponen la mejor pilcha, agarran el DNI, meten el sobre en la urna; después vuelven a casa, guardan el traje en el ropero y a sus cosas.

A Cristina le habían regalado un poncho que lo lució para todo el público. El poncho de Elvira, un símbolo tal vez de lo pampeano, como los ríos robados, la mierda, el megaestadio o Catalina Tom. Pero después de las críticas a Macri -esa piedra que se cruza, por lo tanto ya ni importa-  volvieron el revoleo de platos. Después de que Verna  le pidió a Cristina que se retracte por decir que la había mandado a lavar los platos, qué era tiempo pasado, y que él ya se había decontruido, porque había logrado unir a los western pampeanos, a los morochos gritando con sus bombos,  con los militantes de Patria Grande y los humanista.» Conmigo no», como diciendo Carlos. Entonces la presidenta, onda militante feminista del Nacional Buenos Aires, dijo: “Nunca Verna me mandó a lavar los platos”, mientras denunciaba que habían muchos machirulos dando vuelta y miraba a los gobernadores. ¿Se refería a alguno del escenario o a los muchachos del público? Más bien, no importa, “fin del mito”, puso un medio local. Verna es un aliado.

Alberto parecía un tipo enojado, con los seños fruncidos encendido mientras que el inconsciente le decía decir “lo malo» en vez de  «Macri” y lo «Macri» en vez de «malo», aunque esto es entendible, le sucede a la mayoría de los argentinos. Más tarde, Alberto, afirmaba: “Para ellos donde hay una necesidad hay un negocio”, fustigaba a los macristas, con la famosa frase de Eva Perón. Es que Alberto debe estar cansado, tenía la voz desgastada, y volvía a remarcar  que Macri era una piedra. “La piedra son ellos”, dijo. Una metáfora que dice que Mauricio es una piedra no por lo duro de roer, sino que es una piedra que se cruza por el camino o el destino en la historia, quién sabe, como a quién se le mete una piedrita en las zapatillas, entonces, uno la saca.

Lo que sabemos, por otra parte, es que al final tanto  el Servicio Meteorológico como las encuestadoras se equivocan, y su víctima siempre es la sorpresa. La primera se anticipa al clima y, la segunda, pretende medir el clima político. Sabemos de esta historia. Porque en la vida suele existir un grado importante de imprevisibilidad, de misterio y de mística en definitiva… De lo contrario, todo sería muy aburrido

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