El derecho a decir adiós: Un sanatorio hizo un protocolo para despedidas de pacientes con COVID graves

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Buenos Aires (2b) – El Sanatorio Mater Dei, es una institución de Salud de Buenos Aires avanzado en materia de acompañamiento y visitas para pacientes COVID-19 graves, adoptó un protocolo para que las familias puedan despedirse de sus seres queridos.

El Mater Dei, de las Hermanas de Schoenstatt, trabajó desde el inicio de la pandemia por coronavirus para evitar ese sufrimiento adicional e innecesario. “Es legal y es necesario habilitar el derecho a decir adiós”, aseguró el doctor Cristian García Roig, jefe de Terapia Intensiva de Pediatría del Mater Dei y uno de los redactores del “Protocolo de Acompañamiento en el final de la vida” que aplica el establecimiento. “Una medicina sin humanismo no merece ser ejercida. Permitir la despedida es un mínimo de humanidad que no podemos dejar de brindar. Es una cuestión de empatía”.

El Sanatorio Mater Dei tiene fama de ser muy rígido en el cumplimiento de las normas. Quien haya visitado a un paciente allí sabe que los horarios de visita se respetan a rajatabla. Pero ese modo estricto hace a lo organizativo. No al trato con los pacientes. De hecho, el establecimiento se ha colocado a la vanguardia adoptando un Protocolo que habilita el acompañamiento y la despedida.

El Sanatorio es propiedad de las Hermanas de María de Schoenstatt y, cuando todavía casi no había casos en Argentina y ninguno en el Mater Dei, ellas ya se plantearon el dilema de las personas que fallecían en soledad, lo que no estaba en línea con la despedida que merecen tener una persona y su familia.

La iniciativa surgió por inquietud de la hermana Teresa Buffa, jefa de Religiosas del Sanatorio, y de García Roig. Con sentido común se plantearon que, si médicos, enfermeros y resto del personal podían tratar a pacientes con coronavirus sin contagiarse, ¿por qué no podría una persona visitar a su familiar con los mismos recaudos?

En marzo, cuando empezaron a llegar noticias e imágenes terribles de los estragos que estaba causando la pandemia en Europa, García Roig empezó a buscar en el mundo antecedentes de protocolos en materia de visitas a pacientes Covid y los encontró en el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca, en Murcia, España y “también en el Hospital Israelita Albert Einstein de San Pablo, el más importante de Sudamérica, ambos están habilitando visitas a los Covid terminales o de muy larga internación”, explicó.

“Con esos antecedentes fuimos conformando nuestro protocolo -dijo-. La gente de infectología estuvo de acuerdo. La atención debe centrarse en la persona. Es inhumano que una persona muera sola, para el que muere y para el que queda”. Crearon entonces un Programa de Contención para el acompañamiento de los pacientes, que incluye un procedimiento especial para los muy graves, llamado “Protocolo de acompañamiento en el final de la vida”.

Esto habilita las visitas en terapia intensiva a quienes tienen un mal pronóstico, pero también permite que un familiar acompañe a aquellos pacientes que, aunque no estén en cuidados intensivos, requieren asistencia por algún motivo, como no poder valerse por sí mismos o ser muy ancianos. Pero cuando el cuadro es grave y se puede llegar a una situación de final de vida, se activa el protocolo y se autorizan visitas con los recaudos correspondientes. Si el paciente que necesita asistencia no está en cuidados intensivos, el familiar que lo acompaña debe aislarse en la habitación, no circular por las áreas comunes del sanatorio y, cuando egrese, hacer la cuarentena de 15 días, por ser un contacto estrecho de paciente con COVID-19.

La primera visita fue un shock, al tomar conciencia de que era la despedida, recuerda. La segunda fue más serena, en paz. La tercera, el sábado, se la cedió a su hija, para el adiós a la abuela. “Ella recibió la unción de los enfermos. Eso fue muy importante para mí. Agradezco mucho la contención que nos dieron las hermanas, el capellán, los médicos y todo el equipo de salud. Pude cerrar el ciclo de la despedida”, dice.

Estas visitas tan especiales exigen una preparación. Los familiares son convocados el día anterior, se les explica cómo actuar, se les adelanta lo que van a ver y hasta se los familiariza con el recorrido que harán.

La experiencia del Sanatorio Mater Dei demuestra que esta crueldad es innecesaria y que una flexibilización contribuiría incluso a salvar más vidas. No se trata de negar la pandemia ni de desconocer los protocolos. Se trata de humanizarlos.

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