Buena leche: La Pampa bancó la parada y fue la provincia que menos tambos cerró en plena crisis productiva

76
Compartir:

Santa Rosa (2b) – El incremento del precio internacional del maíz desde fines del año y la suba de las retenciones que aplican sobre las exportaciones de productos lácteos pusieron al toda la cadena de valor de la lechería en alerta, en un escenario en que los precios que perciben los productores se mantienen inalterados desde mediados de 2020 y sigue latente el riesgo de cierre de más tambos. Sin embargo, provincias duras si las hay, y obviamente hablamos de La Pampa. Es que junto a Santiago del Estero, fueron las que más aguantaron la crisis que la pandemia por el Covid-19 generó y solamente hubo cierres de 4 tambos.

La Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias, integrada por Coninagro, Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Federación Agraria y la Sociedad Rural Argentina, emitió hoy un comunicado en el que advierte que la lechería es una «economía regional en peligro de extinción».

«Desde mediados de 2020 el productor está recibiendo un precio insuficiente, por su leche en tranquera de tambo», asegura la Mesa de Enlace. Y agrega que hoy «con los $21,36 por litro no se llega a cubrir los costos de producción, que están dolarizados en un 80%».

La entidad advierte además, que los productores no reciben ningún incentivo y la carga impositiva «es muchísimo más alta que en el resto del mundo».

Afirma que los productores reciben algo así como «u$s 0,24 por litro, muy lejos de los U$S 0,33 por litro históricos, que se requieren para cubrir los costos de producción medios». Por su parte, en los productores brasileños reciben hoy hasta u$s 0,44 por litro con costos similares o incluso menores.

Un informe de Coninagro destaca que en diciembre «la variación interanual del precio fue de sólo 27%, muy por debajo de la inflación, y de la propia suba de costos, que se estiman en por lo menos 43% en el mismo período».

En 2002 había en el país unos 15.000 tambos, hoy apenas superan los 10.000 pero muchas de las unidades más pequeñas están en riesgo, aseguran fuentes del sector.

Según estimaciones del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) el 66% de los tambos produce menos de 3000 litros diarios de leche y explica el 28,3% de la producción (datos de diciembre de 2020).

En contraste, el 4,5% de los también tiene una producción que supera los 10.000 litros diarios y representan el 24,7% del total producido en el país.

Para los productores la gota que rebasó el vaso fue el cambio de los derechos de exportación aplicados en enero.

En ese momento, mientras muchas economías regionales fueron exceptuadas de pago de retenciones o se les bajaron las alícuotas, en la lechería, que también es una economía regional, pasaron de $3 para quesos, leche fluida, caseína y otros subproductos al 4,5%.

En el caso de la leche en polvo, por lejos el principal producto de exportación del sector las retenciones son del 9%.

Esto pone presión al interior de toda la cadena, en momentos en que los costos de producción se ven afectados por la fuerte carga tributaria, superior al 40%, y en especial por la depreciación del peso en los últimos meses, en una actividad que tiene cerca del 80% de sus costos dolarizados.

Andrea Passerini, coordinadora de la Comisión de Lechería de CRA, sostiene que la fuerte suba del precio del maíz impactó de forma decisiva en los costos. Dependiendo del tipo de producción la alimentación y los suplementos representan «entre 40 y 50% del costo total» y muchos de los insumos tienen precios dolarizados, sostiene.

«En el segundo semestre de 2020 la tonelada de alimento balanceado aumentó de u$s 207 a u$s 270», recuerda Passerini, que tiene un tambo mediano en la provincia de Buenos Aires.

Agrega que «la punta del iceberg en la producción láctea es el aumento de las retenciones, que en enero pasaron de $3 a 4,5% -salvo la leche en polvo que se mantuvo en 9%- y explica también que impacta fuerte la presión impositiva.

El impacto en la rentabilidad no debe sorprender. Según estimaciones del OCLA a partir de septiembre de 2020 la curva de rentabilidad pasó al terreno negativo y en diciembre el margen «muestra tal desmejora, sólo comparable con los mínimos de la serie en los últimos 12 años (medido en dólares)», indica.

Es un momento complejo para la lechería porque en febrero y marzo es el momento en que se definen los volúmenes de reserva de alimento (maíz) para el resto del año, así como la previsión de siembras de pasturas y verdeos.

Al respecto, Daniel Kindebaluc, secretario general de Coninagro, indicó que «los costos al productor del tambo han subido, así como la alimentación a animales, que se compone de maíz, y esto provoca un atraso en los precios».

Y agregó: «Estamos en un momento en que evaluamos si hacer ´caja´ el maíz que tiene el productor en el campo o hacer ´bolsa´ de reserva para alimentar a los animales para el invierno».

Compartir:

Deja tu comentario