Tremendo testimonio en el juicio: “No había parte del cuerpo en la que pudiera vérsele la piel”, contó la hermana de Nadia Lucero

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Santa Rosa (2b) – Con las declaraciones de ocho testigos continuó hoy, vía Zoom, el juicio oral contra Laureano González por la tentativa de homicidio triplemente calificado de su entonces pareja, Nadia Soledad Lucero. Lo más destacado de la segunda jornada fueron los dichos de la psicóloga que atendió a la víctima, quien afirmó que «ella no tiene recuerdos propios» de lo que padeció y que «le costó muchísimo aceptar el vínculo violento en el que había estado involucrada». Además, una de las hermanas de la víctima contó como la vio en el hospital. “No había parte del cuerpo en la que pudiera vérsele la piel”, dijo Carina Lucero sobre los golpes recibidos por Nadia.

El Tribunal de Audiencia, que está a cargo del proceso, lo componen los jueces Daniel Sáez Zamora, Alejandra Ongaro y Gastón Boulenaz.

De acuerdo a la acusación del Ministerio Público Fiscal, González mantuvo una discusión con Nadia en la vivienda que compartían, el domingo 15 de diciembre de 2019 a la madrugada. A raíz de ello comenzó a golpearla hasta dejarla inconsciente. El fiscal Andrés Torino habló de «celopatía» y «un claro intento feticida».

En ese contexto, el acusado habría abusado sexualmente de la víctima y recién a la noche, como seguía inconsciente, la subió a su auto (un Volkswagen Bora) y a las 23.50 la dejó «por muerta, en estado de inconsciencia» en la guardia del hospital Molas, siempre según la fiscalía.

Tras ello, González huyó y fue detenido el martes 17, a la tarde, en Ferreyra Norte 38 con una carabina, una mochila y dos celulares. Allí vivían Claudio Reyna y Daiana Escudero, quienes junto a Franco Luciano Devia también están siendo juzgados, aunque por el delito de encubrimiento agravado.

González, en cambio, está imputado de homicidio triplemente calificado, por la relación de pareja, por alevosía y por haber sido perpetrado por un hombre hacia una mujer mediando violencia de género en grado de tentativa; abuso sexual con acceso carnal por haber mediado violencia y aprovechando que la víctima no pudo consentir, agravado por haberle ocasionado un grave daño a la salud física y mental a la víctima; abandono de persona por haber puesto en peligro la vida y la salud de la víctima, a quién el propio imputado incapacitó, agravado por haber ocasionado ello un grave daño en el cuerpo y la salud de la víctima ; y portación de arma de fuego de uso civil sin la debida autorización legal, todo en concurso real y en calidad de autor. Los hechos fueron enmarcados en la 26485 de Protección Integral contra las Mujeres.

«No mostraba los brazos»
El primero de los ocho testigos -todos citados por el Ministerio Público Fiscal– fue Leonardo Javier De Diego. Declaró que el sábado 14 va la noche fue a la casa de un amigo, que vivía medianera por medio con González y Lucero. Recordó que escuchó salir a ambos a las 22.30 y que al rato regresaron. A la medianoche volvieron a salir de la casa, Nadia con un Dr. Lemon en la mano y González con una cerveza. Una hora después regresaron y a la 1.30 salieron nuevamente. «No escuché ninguna agresión, no se escuchó nada, solo una charla normal de pareja», detalló.

Fernanda Magalí Molina era compañera de trabajo de Nadia. Contó que el sábado a la noche fueron a la ‘bajada’ del hermano de otra compañera, Melina Carreras. Indicó que Laureano llevó a Nadia hasta la casa de esta última y que luego –antes de llegar a la fiesta– ellas pasaron por la vivienda de Luján, hermana de Nadia.

La testigo señaló que González no sabía que Nadia iría a la ‘bajada’ y que a la madrugada empezó a llamarla. Lo hizo al teléfono de Molina porque la víctima no tenía celular. «Yo atendí la llamada y se la pasé a Nadia, pero primero no quiso atenderlo. Él insistió, lo atendió y después quiso irse. Nadia pidió que alguien la llevara hasta la casa de Melina porque Laureano pasaría a buscarla por ahí. Cuando Melina volvió a la quinta comentó que había visto a Nadia asustada», indicó la mujer.
También remarcó que «en los últimos tiempos» vieron a Nadia yendo al trabajo golpeada. «No preguntábamos, ni ella decía nada; pero haciendo calor iba con mangas largas porque no quería mostrar los brazos».

Médicos y psicóloga
Enrique Marullo es médico de reconocimiento de Sanidad Policial. Él revisó física y ginecológica a Nadia en la guardia del hospital Molas. «La vimos en un lugar que no es habitual porque tampoco su condición era habitual para un paciente. Estaba conectada a un respirador artificial y en coma farmacológica. Su condición era muy crítica, ya que la vida estaba en riesgo».
Al facultativo se le exhibieron fotos de Nadia al momento de esa revisación, viéndosela inconsciente y con moretones y heridas punzocortantes. «No se vieron lesiones genitales, sino extragenitales», detalló.

La jefa del servicio de ginecología del Molas, Albana Esteban, que participó de la revisación de Nadia junto a Marullo, ofreció una declaración similar a la de su colega. Dijo que el estado general de la paciente era «malo» porque tenía «edemas generalizados» en el cuerpo. Contó que le realizó un examen ginecológico completo y que «no se observaron lesiones compatibles con desgarros o hematomas». La fiscalía le preguntó: ¿pudo haber habido un acceso carnal y que no quedaran lesiones? Su respuesta fue afirmativa.
También explicó que alguien «ofrezca o no resistencia (a una relación sexual) depende del estado de conciencia, además del consentimiento. Si la persona está lúcida y ofrece resistencia, habrá lesiones porque está siendo agredida en contra de su voluntad».

La psicóloga María Lorena Fuertes atiende a Nadia. «Ella no logró recordar nada por sí misma, no tiene recuerdos» de lo que pasó aquel día. «Nunca pudo expresar nada. Fue enterándose de a poco lo que vivió, pero no tiene recuerdos propios. Fue como si una parte de su vida se hubiese borrado».

«Me decía que no se veía marcas y lesiones como si fueran consecuencia de un accidente de tránsito, que fue lo que primero se le dijo para no ser tan violentos de entrada sabiendo de su estado de salud –acotó–. También le llamaba la atención que González no se comunicara. Cuando supo lo que le había ocurrido, pasó de un descreimiento absoluto a una gran bronca y angustia. Le costó muchísimo aceptar el vínculo violento en el que había estado involucrada y reconocer lo que había padecido».
– ¿Le contó algún episodio previo de violencia física?, preguntó Torino.
– Ella habló de piñas y empujones por cuestiones de celos y de las que su hijo mayor también fue testigo. Pero en un principio no lo vio cómo si fuera una cuestión de violencia de género.

Más adelante, Fuertes resaltó que el episodio sufrido le afectó en sus roles cotidianos (laborales, sociales y con sus hijos, padres y familiares) y que el saber que también pudo haber sido agredida sexualmente fue «otro impacto fortísimo. Me dijo algo así como ‘no le quedó nada por hacerme…’ Fue una sensación de vulnerabilidad absoluta», acotó. La psicóloga, además, contó que Nadia se indignó cuando supo que trascendió que consumía drogas.

«Pasé por al lado y no la reconocí»
Carina Lujan Lucero es hermana de Nadia. La víctima pasó por su casa para pedirle ropa prestada antes de ir a la ‘bajada’. Relató que al otro día, el domingo 15, envió mensajes y llamó al celular de Laureano para poder ubicarla, pero no obtuvo respuestas.
Aceptó que «en lo poco que lo traté, González no era violento con Nadia delante nuestro» y que ella dejó de tener celular cuando comenzó a andar con él. Añadió que una vez le vio los brazos marcados, pero su hermana le contestó que se había golpeado en el trabajo.

En otra oportunidad «apareció con un ojo morado y nos hizo creer que una chica del barrio le había pegado con un palo. Le dijimos que hiciera la denuncia y no quiso. Todo muy sospechoso para mí y mi hermana Joana. Luego admitió que Laureano le había pegado porque había salido con una amiga sin avisarle».

Llorando, Carina recordó que en el hospital «pasé dos veces por al lado suyo y no la reconocí. Era impresionante cómo estaba. La abracé, el médico comenzó a destaparle las piernas y no había parte del cuerpo en la que pudiera vérsele la piel….»

De acuerdo a su hermana, Nadia lo único que recordó fue que el imputado la golpeó y la subió al Bora. «Después no recuerda nada más», acotó. Además indicó que Laureano le manejaba el Facebook personal a ella.

Los restantes testimonios correspondieron a la trabajadora social Fabiola Orellano, quien ratificó que el hijo más grande de Nadia observó agresiones de parte de González; y la oficial de policía, Paola Toledo, que participó del secuestro del Bora del principal acusado. El debate continuará mañana, para cuando están citados seis testigos.

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