Un recorrido del histórico 25-M: Los 4 ejes centrales que planteó Cristina para la gestión que viene antes de elegir candidato

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Buenos Aires (2b) – La vicepresidenta Cristina Fernández terminó este jueves lluvioso de consolidar su poder decisorio dentro de la coalición gobernante. Desde esa centralidad le habló a la dirigencia y a la militancia a la que les dejó en claro el programa a militar. Todos aquellos que aspiren a gobernar la Argentina en el próximo turno bajo el paraguas del peronismo se dieron por enterados que saber que tendrá que “dejar de lado el programa del Fondo para tener un programa propio de crecimiento”.

Cristina vino avanzando capítulo por capítulo en el diseño de la estrategia electoral. Primero les avisó a todos y todas que ella no será candidata “a nada”. Después, en el Teatro Argentino de La Plata, ponderó a Sergio Massa. “No cierra por abajo”, sintetizó un dirigente bonaerense al referirse a la posible postulación del tigrense. Pronto pasó al señalamiento de un candidato kirchnerista puro, “un propio”, y todos miraron a Eduardo de Pedro. Sin embargo, las acciones del gobernador Axel Kicillof siguen subiendo y se especula con un enroque.

El escenario mostró la centralidad que construyó la clara líder del peronismo. Allí arriba estaban desde dirigentes de la cúpula sindical, Omar Plaini y Abel Furlán, diferenciados de los dos triunviros a los que la vicepresidenta había emparentado la semana pasada con Mauricio Macri. Ahí también estuvo Daniel “Chuki” Menéndez y Juan Grabois, dirigentes de los movimientos sociales. Hubo tres gobernadores: Ricardo Quintela de La Rioja, el bonaerense Kicillof y la santacruceña Alicia Kirchner.

En el palco también estuvieron Hugo Yasky titular de la CTA, el ministro bonaerense Andrés Larroque, y la presidente de la Cámara de Diputados y referente del massismo, Cecilia Moreau. Pablo Moyano no estuvo en el palco, pero Camioneros sí marcó presencia en la Plaza.

La vicepresidenta se mostró por primera vez rodeada de su familia. Junto a Máximo estaban sus hijos Néstor Iván y María Emilia, y su ex compañera Rocío García, diputada provincial en Santa Cruz y precandidata a intendenta en Río Gallegos. Y las máximas referentas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, sentadas en primer línea, entre ellas, Taty Almeida y Estela De Carlotto.

La vicepresidenta y el diputado Máximo Kirchner repitieron, en estas semanas en todas las reuniones orgánicas, que antes de definir nombres primero había que acordar un programa. Y este jueves llegó. Bajo la lluvia, la vicepresidenta enumeró cuatro ejes que debería llevar adelante un futuro gobierno peronista, y que deberá encarnar como propio el candidato.

El primer punto que marcó fue “dejar de lado el programa del Fondo para tener un programa propio de crecimiento” y parafraseó a Néstor Kirchner al afirmar que “los muertos no pagan”. Descartó pagar con los dólares de la soja porque sostuvo que los commodities tienen precios variables y «siempre te acomodan para que sigamos debiendo”. “Fue un préstamo político, y política tiene que ser la solución”, definió, y propuso que la plata que vaya a los desembolsos esté atada a “un porcentaje de las exportaciones”. Ya había sostenido en ocasiones anteriores que se podía pagar ese acuerdo irregular con la plata fugada y con el superávit fiscal. La vicepresidenta recordó este jueves la renegociación de la deuda que había llevado adelante Kirchner y Roberto Lavagna con una quita del 75%. También rememoró el pago conjunto con Brasil al FMI, una decisión política conjunta que aumentó el margen de independencia económica de la región.

El segundo punto del programa que expuso Cristina fue sobre la gestión que propone de los recursos naturales, en particular del litio, ya que en Argentina rige su provincialización de la Constitución de 1994. En ese contexto, llamó a “abrir la cabeza a articular el sector público y el privado para gestionar los recursos estratégicos. “Gracias a los kukas recuperamos Vaca muerta”, insistió y les endilgó “vocación de colonia” a los dirigentes que se ponen contentos porque vienen al país los inversores que ven con malos ojos a Chile y Bolivia en donde existe legislación que le da un rol planificador y estratégico al Estado.

El tercer punto fue la renovación del pacto democrático por el cual no se elimina físicamente al “enemigo”. Ponderó a Raúl Alfonsín, quien se paró en la misma plaza afianzado en la «vida y la paz”. A partir de entonces, “quedaba prohibido quitarle la vida al que no pensaba igual, hay que renovar ese pacto”, insistió. “Si con ganarle alcanza, ¿por qué llegar al exterminio del otro? No puede haber un argentino de bien que no se oponga a esas prácticas horribles”, enfatizó, la vicepresidenta a la que le gatillaron dos veces cerca de la cabeza el 1 de septiembre del año pasado.

La cuarta clave se centró en la renovación del Poder Judicial. Recordó los intentos dolarizadores del cortesano menemista Julio Nazareno, que amenazaron los comienzos de la gestión de Néstor Kirchner, y calificó a la Corte actual como “un mamarracho indigno”. “Nunca se escucharon y vieron las cosas que se saben y que nos enteramos todos los días” abundó. “Los argentinos se merecen volver a tener una Corte Suprema de Justicia, se lo pido a todos los partidos políticos” insistió.

Si bien falta para el cierre de listas, el 24 de junio, las definiciones que dio hoy la vicepresidenta fueron una suerte de manual de instrucciones para tratar de cumplir los objetivos propios de un partido popular. «¿Por qué creen que me odian, me persiguen y me proscriben? Porque nunca fui de ellos ni lo voy a hacer, hagan lo que hagan, me quieran matar o meter presa, nunca voy a ser de ellos. Yo soy del pueblo y de ahí no me muevo», afirmó.

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