Buenos Aires (2b) – El 15 de abril de 1953, durante un acto sindical organizado por la Confederación General del Trabajo (CGT) en la Plaza de Mayo, un atentado con bombas sacudió a la Argentina. Mientras el presidente Juan Domingo Perón pronunciaba un discurso desde los balcones de la Casa Rosada, dos explosiones interrumpieron la concentración: una en la estación de subte Plaza de Mayo de la línea A y otra en un bar cercano. El ataque dejó un saldo de seis muertos y más de 90 heridos, entre ellos 19 personas mutiladas.
Las investigaciones señalaron que los responsables fueron jóvenes antiperonistas de clase media alta, entre ellos Roque Carranza y Carlos Alberto González Dogliotti. El objetivo era generar caos y desestabilizar al gobierno peronista. Afortunadamente, otras bombas colocadas en la azotea del Banco de la Nación no detonaron, lo que evitó una tragedia aún mayor.

La reacción de los manifestantes peronistas no se hizo esperar. Esa misma noche, grupos atacaron e incendiaron sedes de partidos opositores, como la Casa Radical, la sede del Partido Demócrata, la Casa del Pueblo (socialista) y el Jockey Club. Los bomberos y la policía se limitaron a evitar que el fuego se propagara, sin intervenir directamente en los disturbios.
El gobierno decretó el estado de sitio y detuvo a varios dirigentes opositores, entre ellos Ricardo Balbín, Arturo Frondizi y Alfredo Palacios. Aunque el atentado fue condenado por diversos sectores, también evidenció la creciente polarización política y social que vivía el país en esos años.
Con el tiempo, algunos de los implicados en el atentado ocuparon cargos públicos. Roque Carranza, por ejemplo, fue ministro durante la presidencia de Raúl Alfonsín y una estación de subte en Buenos Aires lleva su nombre. Este hecho generó controversia y debates sobre la memoria histórica y la justicia.
A 72 años de aquel trágico día, el atentado en Plaza de Mayo sigue siendo un recordatorio de los peligros de la intolerancia política y la violencia como herramienta de confrontación. La historia argentina continúa reflexionando sobre estos episodios para construir una sociedad más democrática y pacífica.





