Buenos Aires (2b) – Javier Milei recibió en la provincia de Buenos Aires el cachetazo político más fuerte desde que llegó a la Rosada. El peronismo unido le ganó por 13 puntos y volvió a mostrar que, cuando juega en bloque, todavía tiene el control del distrito que define cualquier elección nacional.
Con el 84% escrutado, Fuerza Patria se quedó con el 46,9% de los votos. La Libertad Avanza quedó muy atrás con apenas el 33%. El resto fue anécdota: Somos 5,4%, la izquierda 4,3%, y otros espacios casi sin registro.
El PJ se impuso en las secciones más pesadas: la primera, la tercera, la segunda, la cuarta, la séptima y la octava. En el conurbano, Gabriel Katopodis aplastó al intendente libertario Diego Valenzuela: 47 a 37. “Es un freno a Milei”, lanzó Katopodis desde La Plata, donde el peronismo festejó a pura euforia.
En la tercera, la vicegobernadora Verónica Magario arrasó: 53 a 28 contra la lista libertaria encabezada por un excomisario. En La Plata, Julio Alak le ganó a Francisco Adorni, hermano del vocero presidencial. Y en el interior, Milei pagó caro la fuga de intendentes que le soltaron la mano.
La Libertad Avanza apenas pudo salvar algo en la quinta, con Guillermo Montenegro en Mar del Plata, y en la sexta con Oscar Liberman en Bahía Blanca. Muy poco para un gobierno que se jugaba su credibilidad en el distrito clave del país.
El golpe político pega en varios frentes:
Milei llega debilitado a las legislativas del 26 de octubre.
El “efecto motosierra” perdió fuerza en el bastión peronista.
La apatía ya no juega a su favor: votó solo el 63% del padrón, el nivel más bajo en décadas, y aun así no le alcanzó.
La Casa Rosada enfrenta su peor escenario. El mercado, nervioso. El peronismo, envalentonado y oliendo sangre. Y Milei, atrapado en sus propias internas: los territoriales que responden a Karina contra los fanáticos de Santiago Caputo.
El experimento libertario acaba de descubrir su límite más temido: cuando el peronismo se junta, no hay motosierra que aguante.





