Santa Rosa y Buenos Aires (2b) – En medio de la aceleración de precios, la caída del consumo y el malestar creciente en el sector comercial, el ministro de Economía, Luis Caputo, se reunió con directivos de la Asociación de Supermercados Unidos, en un encuentro que dejó más gestos políticos que definiciones concretas para enfrentar la crisis.
La reunión se produjo en un contexto delicado: inflación persistente, retracción del poder adquisitivo y un mercado interno que no logra repuntar. Sin embargo, el eje central planteado por el Gobierno estuvo lejos de ese diagnóstico. Caputo puso el foco casi exclusivamente en las tasas municipales y su incidencia en los precios finales, un planteo que los empresarios consideran parcial frente a un escenario mucho más complejo.
Desde el sector supermercadista llevaron una agenda más amplia, atravesada por la suba sostenida de costos, la caída del consumo, la informalidad creciente y el deterioro general del negocio. Pero, según trascendió, esos planteos no encontraron respuestas concretas. No hubo anuncios de medidas para reactivar la demanda ni herramientas para aliviar la situación de las cadenas y proveedores.
El contraste entre la mirada oficial y la realidad del sector quedó expuesto en el clima del encuentro. Si bien los empresarios destacaron la “receptividad” del ministro, puertas adentro admitieron que la reunión dejó gusto a poco. “Nos fuimos con muchas palmadas en la espalda”, resumió uno de los asistentes, graficando la falta de definiciones en un momento crítico.
La preocupación del sector no es menor. La inflación de marzo habría rondado el 3%, impulsada en parte por la suba de combustibles y los costos logísticos, lo que vuelve a golpear tanto a los consumidores como a las estructuras comerciales. A esto se suma la caída en las ventas, que se replica en casi todos los rubros del consumo masivo y empieza a impactar también en la industria proveedora.
En paralelo, el propio Caputo viene apostando a una narrativa de recuperación basada en sectores como el agro y la construcción, pero esa expectativa todavía no se traduce en mejoras en el consumo cotidiano, que sigue siendo el termómetro más sensible de la economía real.
El encuentro dejó en evidencia una tensión creciente: mientras el Gobierno insiste en identificar a las tasas municipales como uno de los principales problemas de precios, los supermercadistas advierten que el deterioro del consumo y el aumento de costos son hoy el núcleo de la crisis. Sin medidas concretas en ese frente, el malestar en el sector promete seguir escalando.





