Santa Rosa (2b) – La idea de un gran frente opositor para disputar la Gobernación en 2027 sigue sobre la mesa en La Pampa, pero las conversaciones empiezan a mostrar un problema que ya no parece secundario: quién encabeza la fórmula. Y mientras en Tucumán una alianza entre La Libertad Avanza y sectores del PRO terminó rompiéndose antes de llegar a las elecciones, en La Pampa los tres espacios que deberían conformar ese frente siguen sin encontrar el punto de acuerdo.
El caso tucumano funciona como un espejo incómodo. Allí, la alianza entre LLA y CREO, el espacio de Paula Omodeo, terminó desarmándose después de meses de acercamientos. La ruptura se produjo en medio de diferencias por conducción, candidaturas y estrategia electoral, y el armado libertario terminó llevando a Lisandro Catalán como candidato a gobernador.
En La Pampa el escenario es diferente, pero la discusión de fondo tiene un parecido evidente. La UCR tiene a Martín Berhongaray lanzado, el PRO tiene a Marita Mac Allister y La Libertad Avanza tiene a Adrián Ravier. Los tres espacios hablan —con distintos grados de intensidad— de la necesidad de construir un frente común, pero ninguno resignó públicamente la posibilidad de quedarse con la candidatura principal.
Berhongaray viene sosteniendo la candidatura desde el radicalismo y cuenta con el respaldo de sectores que entienden que la estructura territorial de la UCR debe tener un papel central en el armado. La Convención radical avanzó en la estrategia de construir una alianza, pero también dejó planteada una condición política relevante: sectores del partido sostienen que el candidato a gobernador debería ser radical.

Del otro lado aparece Ravier. El dirigente libertario ya planteó públicamente que el resultado electoral de LLA debe tener peso en la discusión y reclamó una participación acorde a ese desempeño. En declaraciones recientes también cuestionó la falta de diálogo formal con el radicalismo.
Y en el medio está Marita Mac Allister. La dirigente del PRO confirmó su intención de competir por la Gobernación y planteó que el objetivo debería ser alcanzar un entendimiento entre PRO, UCR y LLA. Incluso identificó explícitamente a Berhongaray y Ravier como los otros dos nombres fuertes de una eventual alianza opositora. Al mismo tiempo, dijo que se intenta evitar una definición mediante PASO.
Ahí aparece una particularidad del escenario pampeano: Mac Allister no es solamente una tercera candidatura en disputa. Si Berhongaray y Ravier quedan enfrentados por quién debe encabezar, la dirigente del PRO podría convertirse eventualmente en un nombre sobre el cual construir un acuerdo intermedio. No porque ese escenario esté cerrado ni porque exista actualmente un acuerdo en ese sentido, sino porque su candidatura agrega una tercera posibilidad a una negociación que hoy aparece trabada entre dos pretensiones de liderazgo.

Es, justamente, la paradoja del armado: la candidatura de Marita puede complicar la resolución de la discusión, pero también podría aportar una salida si los otros dos sectores no consiguen imponerse mutuamente.
La cuestión es que, hasta ahora, esa posibilidad tampoco aparece consolidada. Mac Allister viene marcando que quiere competir. Berhongaray mantiene su aspiración desde la UCR. Y Ravier, desde LLA, sostiene que el peso electoral y político de su espacio debe ser tenido en cuenta al momento de definir quién encabeza. Por eso, el problema dejó de ser solamente si habrá o no un frente. La pregunta empieza a ser qué tipo de frente están dispuestos a construir.
Un acuerdo donde uno de los tres espacios resigna la Gobernación para acompañar al otro. Una competencia interna que termine ordenando la candidatura. Un nombre de consenso que no sea ninguno de los dos primeros anotados. O una negociación que termine rompiéndose, como ocurrió en otros distritos, cuando la discusión por las candidaturas pasó de las conversaciones generales a la letra chica.
El antecedente de Tucumán vuelve a poner esa última posibilidad sobre la mesa. Allí, una alianza que había sido presentada como parte de la construcción opositora terminó desarmándose cuando aparecieron las diferencias concretas sobre candidaturas, conducción y estrategia.
En La Pampa, por ahora, la alianza sigue siendo una posibilidad en construcción y no una decisión cerrada. Hay contactos y dirigentes de los tres espacios que hablan de la necesidad de confluir, pero también existen diferencias públicas sobre quién debería conducir ese eventual frente.
La paradoja es que mientras más nombres se lanzan, más difícil parece ser responder una pregunta que tarde o temprano tendrá que resolverse: ¿quién se sienta en el primer lugar de la boleta?
Y en esa mesa, Marita Mac Allister puede terminar jugando un papel bastante más importante que el de una simple candidata del PRO: puede ser una de las tres partes del problema o, si las dos principales pretensiones no encuentran salida, formar parte de la llave para destrabarlo.





