Buenos Aires (2b) – Ante la necesidad de encontrar mecanismos que permitan reactivar el crédito y lograr que los sectores más dinámicos de la economía traccionen al resto de la actividad, el Gobierno nacional analiza una posible flexibilización de las restricciones que pesan sobre los bancos para utilizar los dólares depositados por sus clientes en el financiamiento de familias y empresas.
La alternativa comenzó a ser evaluada meses atrás, inicialmente a partir de un pedido de entidades bancarias privadas, y volvió a tomar fuerza a partir de las últimas declaraciones del presidente del Banco Central, Santiago Bausili. Aunque descartó por ahora una nueva reducción de los encajes bancarios, el titular de la autoridad monetaria consideró que merece ser debatida la posibilidad de modificar las reglas que limitan el uso de los depósitos en moneda extranjera.
El origen de esas restricciones se remonta a la crisis de 2001 y al temor a que los bancos otorguen préstamos en dólares a personas o empresas que generan sus ingresos en pesos. Para Bausili, mantener esas reglas permitió preservar la solidez del sistema financiero, pero también contribuyó a que la Argentina tenga uno de los sistemas bancarios más pequeños del mundo.
El debate aparece en un contexto de dificultades para la recuperación del crédito. Según datos del BCRA, durante julio el financiamiento en pesos mostró una expansión en términos reales, aunque mediciones privadas presentan un escenario diferente. La consultora Equilibra estimó que el crédito en pesos al sector privado cayó 2,8% mensual real en julio, con retrocesos tanto en los préstamos a familias (-2,6%) como a empresas (-3,1%).
En contraste, los préstamos en dólares registraron un crecimiento del 5,3% durante el mismo período. Sin embargo, casi el 90% de ese financiamiento corresponde a préstamos de sola firma destinados principalmente a operaciones vinculadas al comercio exterior, por lo que su capacidad para impulsar el consumo y la actividad interna continúa siendo limitada.
El Gobierno ya avanzó parcialmente en esa dirección. El Banco Central habilitó a los bancos a utilizar dólares propios provenientes de colocaciones de deuda para financiar a familias y empresas no exportadoras y, posteriormente, permitió otorgar créditos en moneda extranjera a clientes con ingresos en pesos siempre que contaran con el aval de una empresa exportadora. Estas medidas, sin embargo, tuvieron hasta ahora un impacto reducido.
La discusión actual apunta a ampliar ese margen. No se analiza liberar de manera indiscriminada todos los depósitos en dólares, que superan los US$40.000 millones en el sistema financiero, sino eventualmente utilizar una parte de los fondos que permanecen inmovilizados como encajes. El monto en discusión rondaría los US$7.000 millones.
La propuesta genera respaldo y reparos entre los economistas. Desde IERAL, Jorge Vasconcelos consideró que existe margen para ampliar el financiamiento en dólares a empresas sin comprometer necesariamente la solvencia y liquidez del sistema, aunque advirtió sobre las particularidades de una economía bimonetaria en la que el Banco Central no funciona como prestamista de última instancia en dólares.
Otros especialistas, en cambio, señalan que avanzar sobre las restricciones podría incrementar los riesgos del sistema financiero, especialmente si se habilitan préstamos en moneda extranjera a quienes no generan ingresos en dólares.
La discusión, por ahora, está en una etapa preliminar. Pero el planteo de Bausili volvió a poner sobre la mesa una cuestión que el sistema financiero argentino arrastra desde la crisis de 2001: cómo aprovechar el enorme volumen de dólares depositados en los bancos para ampliar el crédito sin trasladar al sistema los riesgos de un nuevo descalce de monedas.





