Un tema sensible que golpea a la UCR a 10 días de votar: Una mujer reflotó un caso de violación contra un diputado radical ocurrido hace 35 años

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Santa Rosa (2b) – Una mujer oriunda de Eduardo Castex denunció públicamente que fue violada por tres personas en 1984, uno de los cuales era el ahora diputado provincial Fernando Perelló. Por el caso los tres acusados fueron sobreseídos. Y la denuncia provoca flor de revuelo a sólo 11 días de la interna entre el radicalismo y el PRO.

Marcela Bibiana Castillo reveló que en el año ‘84 sufrió una violación -cuando tenía 15 años de edad- y acusó por el hecho al diputado Fernando Perelló. También involucró en el hecho a los empresarios José María Cueto y Darío Elero. Dijo que dos de ellos la abusaron mientras el otro miraba lo que ocurría.

Perelló es diputado provincial e integra la lista que peleará electoralmente en la interna del próximo 17 de febrero. Por el episodio hubo una investigación judicial y en el año ‘85 se dictó el sobreseimiento de los involucrados: Marcela Bibiana Castillo, la denunciante, dijo que el proceso judicial fue traumático y que la trataron como si en vez de una víctima ella hubiera cometido algún delito. El caso fue revelado por Radio Don de Eduardo Castex, aunque la mujer también lo hizo público en redes.

El tema en Eduardo Castex se venía comentando por publicaciones de familiares de la mujer a través de las redes sociales. Castillo es asesorada por el abogado Daniel Adrián Sandoval, quien la acompañó al exponer el caso públicamente.

“Quiero decirle a toda la comunidad de Eduardo Castex y a toda la gente que me apoya incondicionalmente -y que esta mujer agradece con toda su alma- que las tres personas que me arruinaron la vida en su momento, cuando tenía tan solo 15 años y hay una constancia de expediente número 538/84 (carátula Cueto-Perello-Elero sobre violación), por fin puedo decir los nombres y es un alivio para mí cerrar esta etapa tan dolorosa en mi vida”, publicó la víctima en su Muro de Facebook.

Castillo contó que se sintió movilizada por el relato de (la actriz) Thelma Fardín, y la mujer que hoy tiene hoy 49 años, contó al diario La Arena que con los tres involucrados “nos conocíamos del pueblo, del colegio secundario y a esa casa (donde ocurrió el episodio denunciado) entraba porque le vendía productos (cosméticos) a la madre de uno de los violadores. Fue un momento de charlas y mirar TV. Y en un momento determinado todo pasó a ser un caos. Empezó a tocarme uno, después el otro y me quería ir, pero no me dejaban. Eran tres personas de mayor contextura física, y dos me violaron. Al otro le pedía que me ayudara, pero no hizo nada y se quedó mirando cómo me violaron”.

Detalló que “el sádico y más enfermo más allá que no soy psicóloga para hacer ese análisis, fue Fernando Perelló, y creo que sigo haciendo terapia para sanar el dolor tan grande que tengo, pero es imposible no acordarme de su cara por la invasión a mi cuerpo y porque me agarraba de los pelos y me decía que me lo merecía por puta. Nunca entendí esa conducta y fue muy humillante y sigue siendo doloroso”.

La mujer relató que regresó a su casa y fue llevada al hospital donde la atendió el doctor Luis Ordoñez, quien «le confirmó a mi madre que había sido violada. Hoy ya no tengo 15 años y ahora soy una mujer. Muchas veces me culpé, estaba enojada con esa nena y ahora entendí que es mi historia y es parte de mi vida y decidí contarlo, porque es todo tan increíble que los diputados cobran sus salarios de los impuestos de la gente, y mi mamá tributa en Eduardo Castex y está aportando para pagar a mi violador”.

Sobre el proceso judicial, Castillo lo calificó como “horrible». Y contó «me preguntaban si tenía puesta una minifalda, me preguntaban por qué había entrado a la casa, que me prostituía y ellos me pagaban. Con 15 años no entendía a qué querían llegar. Nunca me prostituí, confié en esta gente. Nunca busqué ser violada”.

Tras el hecho y su resolución judicial, la mujer se alejó de Castex. «En el pueblo me sentía señalada, porque eran otros tiempos. Decían cosas muy feas, y opté por irme. Empecé una nueva vida en el sur. Tomé distancia de algo tan doloroso. Cada vez que volvía era recordar, era tratar de no mirar a la gente en la cara porque me sentía humillada. Es muy difícil afrontar el trance interno cuando sufrís una cosa así”, concluyó.

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