La indomable: Santa Rosa, del peronismo a caer rendida a la UCR, pasando por el reinado de Ningo y la «subversión»; 36 años de intensidad

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Santa Rosa (2b)- No, no. Esto no es General Pico o cualquier otro pueblo/ciudad donde se impone la lógica. Santa Rosa hace lo que quiere, cuando quiere y cuantas veces quiere. Así es la capital, indomable desde siempre: Si no, preguntale a Juan Domingo Perón y Aquiles José Regazzoli, que recibieron flor de cachetazo por poco más de 1o votos cuando el General arrasó el país con su vuelta en el 73, de la mano de Héctor Cámpora. Pues acá no, ganó Ramón Turnes, el mofepista. Ni que lo diga SuperNingo (Oscar) Jorge, el único que logró la reelección y hacer 3 mandatos, algo que nadie pudo repetir desde la vuelta de la democracia, pero también tuvo que decretarla «subversiva» en la era de Juan Carlos Tierno, el intendente de su propio partido, dictando una intervención de 188 días que luego se tradujo en la vuelta de los radicales de la mano de Francisco Torroba que -a su vez- llevó a los boinas a la comuna después de 65 años de su último intendente radical. Uff. Es larga la historia y este domingo tendrá su décima elección, donde el PJ acredita un 8 a 2 cómodo desde 1983, pero esa es sólo una parte de la historia.

Muy loca Santa Rosa. Hay que tenerle cuidado, y hasta el gobernador Carlos Verna lo sabe. Por eso se la disputan tanto; por eso el peronismo hace suya una arenga, casi plegaria, llamando a recuperar lo que siempre puede perder. Ni que hablar los radicales con Leandro Altolaguirre, que necesitan defenderla más que nunca si es que pretenden torcer la hegemonía peroncha de 36 años. Por eso es única tu ciudad, tu capital, y por eso dosbases te cuenta que podés esperar cualquier cosa.

Para resumirla y no aburrir, la historia reciente comienza al calor del avance a paso firme del peronismo. En el 83, con la vuelta de la democracia, Rubén Marín llegaba al mando de la provincia acompañado en la intendencia de la capital por un mito, un peso pesado por donde se lo mire: Eduardo Feliz Molteni.

Con el primer triunfo en el bolsillo, la continuidad peronista en Santa Rosa llegó en el 87 de la mano de Manuel Justo Baladrón, mientras a su vez Marín le «prestó» la gobernación a Néstor Ahuad para luego sí, consolidad las bases de la hegemonía peronista con tres gobernaciones más.

Desde el 1991 a 2003 se vivieron buenas épocas en la capital pampeana, visto hoy a la distancia, de la mano de  Ningo Jorge. Fueron tres gestiones consecutivas, y al menos las dos primeras implicaron la reconfiguración de Santa Rosa con las obras en la laguna, en el centro e inmensas tareas de asfaltado (para la década del 90, no había tierra ni en Villa Santillán).

Pero en lo político lo conseguido sería un hito que nadie puede repetir hasta el momento: la reelección. Todos y cada uno de los intentos, invariablemente, naufragaron en el fracaso en internas o en generales. Lo cierto es que ningún intendente, amén de Jorge, puede quedarse sentando en el sillón más de 4 años. Ni que lo diga Juan Carlos Tierno, ¿no?

Bueno, pero no nos adelantemos. La cuestión es que Jorge en 2003 soltó la Muni para irse al BLP, escala doméstica antes de capturar la gobernación por dos períodos desde 2007, pero en aquel 2003 que trajo por primera vez a Verna y significó el adiós de Marín, en Santa Rosa desembarcó otro peronista: Néstor Alcala. Su gestión, no terminó de la mejor manera y con causas por los recorridos inflados y otras yerbas, pero igual el peronismo se las arregló para alcanzar la continuidad en 2007, con Tierno.

No queremos escribir un libro, pero aquella tormentosa y breve gestión de 87 furiosos días quedó en la historia como el primer disparador de las movilizaciones populares para quitar a un gobernante por primera vez en La Pampa. A Oscar Jorge, recién asumido como gober, no le tembló el pulso para dictar la intervención por «subversión institucional» (no sesionaba el Concejo por el clima de tensión), y así Tierno se fue a su casa y el mando interino quedó en manos de Gustavo Fernández Mendía, quien trajo calma, ordenó lo que había que ordenar en 188 días de gestión y de vuelta a las urnas.

Fue en 2008, y allí los radicales y Francisco Torroba (que el año anterior había perdido por 2,600 votos) no perdonaron. Triunfo de la UCR, que además fue de los primeros en el país tras la catástrofe nacional de 2003, y también implicó la vuelta a la intendencia después de 66 años tras Sadit Peyregne (1942-43), además de otros jefes comunales radichas como Enrique Tubán, tumbado en el 66 por Onganía.

Pero Torroba, a pesar de la buena gestión realizada no pudo esquivar el karma y perdió a manos del peronismo en su intento de seguir en 2011: Luis Larrañaga, un border de la política que llegó tras despacharse en la interna a Jorge Cebolla Lezcano, a quien hasta tu tía Berta le puede ganar.

La gestión, sin embargo, fue para el olvido. Es precisamente la disparadora del colapso sanitario del que la ciudad todavía intenta salir.

Para 2015 Larrañaga se esfumó. Jorge volvió, ganó la interna, dejó su lugar a Raúl Ortíz y llegó un nuevo cachetazo radical, con el triunfo del actual jefe comunal que nadie pareció ver venir… Mientras las internas despedazaban al PJ con aquello de La Cámpora o La Pampa, Altolaguirre se llevó el comicio con contundencia. El destino quiere que hoy esté enfrente al peronismo, a La Cámpora, y al karma de la reelección esquiva… ¿Qué pasará?

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