Santa Rosa (2b)- El mérito es doble, o triple quizás si se tiene en cuenta que en diciembre la UCR y el PRO se desangraron para conformar una lista de unidad que al fin y al cabo terminó en interna, con el plus de heridas en uno y otro bando. A la luz de los malos resultados, parecieron haber internalizado la lección y esta vez los radicales sorprendieron por el rápido acuerdo que pudieron cerrar el sábado y al que se sumó el líder del PRO, Carlos Mac Allister, que mantuvo la tropa a raya y cumplió el compromiso de allanar el camino. Así, luego del último renunciamiento de Ulises Forte en pos de la unidad, Martín Berhongaray se erigió como el candidato del consenso, a 16 de años del último antecedente del partido, cuando la UCR en un escenario similar -de desdoblamiento- pactó evadir la interna con Juan Carlos Marino al Senado y Santiago Ferrigno de diputado nacional. Eran tiempos del FRAP, y corría el año 2003.
Hay otro antecedente más cercano en el tiempo. O no tan lejano, mejor dicho. Fue cuando en 2009 Daniel Kroneberger, que el sábado fue quien abrió la tranquera bajando su candidatura, decidió dar un paso al costado en la legislativa en favor de Ulises Forte, a la postre diputado nacional. El ahora titular del IPCVA, a su vez, fue quien el sábado optó por el mismo gesto cuando quedaban en carrera solos con Berhongaray. Las vueltas del partido, parecen tener a los mismos protagonistas en los pocos finales felices.
Antes y después de eso, desde 2005 y hasta 2017 (saltenado el 2009) siempre hubo que dirimir en internas, desde 2015 con los socios del PRO, por lo que el acuerdo del sábado también es el primero de orden legislativo del frente Cambiemos. En 2003, el escenario había sido similar por el contexto, fue un cronograma desdoblado y la presión del actual senador Marino pudo cerrar con un acompañante no radical para Diputados, en este caso Ferrigno.
Pero para llegar a este último acuerdo histórico tuvieron que sucederse diversos hechos, casi como un efecto mariposa, que tuvo varios protagonistas. Por empezar los presidentes de los comités provincia y capital, Julio Pechín e Hipólito Altolaguirre, que entendieron rápido que había que esquivar los escenarios de diciembre y, sobre todo, de 2017. Así fue que rápidamente coincidieron en acercar posiciones entre los candidatos y herramientas para decidir, como el caso de la encuesta que se puso a disposición de todos los candidatos. A su vez, reafirmaron el concepto de cerrar posiciones en torno a Martín Berhongaray.
Pero, para eso, se necesitaba el visto bueno de dos pesos pesados: Kroneberger y Francisco Torroba. El adorno llegaría con la bendición de Juan Carlos Marino, hoy desdibujado y -a instancias suyas- borrado de la convulsionada vida interna radical. Así fue que el sábado a la tarde las líneas mayoritarias posaron el dedo sobre Berhongaray, por lo que la única «oposición» quedó cargada sobre la espalda de Forte.
En medio de esa estrategia fue clave la aparición de Mac Allister, que les sumó un nuevo argumento a la búsqueda de consenso radical al recordar que seguía en pie la promesa de allanar el camino a Berhongaray y si había consenso, sumado desde su espacio a Adriana Leher.
Para las 20 del sábado, con la llegada de Forte a Santa Rosa, sólo necesitaba cristalizarse el último gesto. Chito se llevó la foto, el abrazo con Berhongaray y el hito de ver a un puñado de radicales cenando en su casa a la medianoche de una jornada de cierre de listas. Creer o reventar.





