Santa Rosa (2b)- Por Jotaté. La provincia de La Pampa viene cumpliendo estrictamente la cuarentena obligatoria nacional, y muestra de eso es el rol que ocupó el gobierno pampeano para actuar rápidamente y subirse a la ola de control social desenfrenado en la «guerra» contra el coronavirus. Por eso, lejos de ser una provincia de anarquistas y bairolettos, La Pampa, fue una de las primeras en cerrar sus fronteras, en bajar los impuestos fiscales o en publicar listas oficiales de sus turistas por el mundo con el fin de ponerse en caja y guardarse-y luchar contra el virus, claro-. Más allá de esto, ¿cómo respondió el pampeano al hecho de tener que quedarse en su casa? No podemos saberlo, es decir, lo que piensa subjetivamente, aunque para eso, podemos hacer hablar a los datos. Según fuentes del Superior Tribunal de Justicia, el número de detenidos en la provincia representa el 0,5% de la población.
Vivir encerrado se hace imposible. En Santa Rosa la imagen de la cuarentena es desoladora en una ciudad de por si desoladora. En los pueblos ni hablar. Según un lector fiel de 2b que reside en Arata nos describe un paisaje que ni el más melancólico de los poetas podría representar; dice que Bustriazo Ortiz se hubiera cortado las venas con el filo de una botella de ginebra Bols ante semejante aislamiento social- le gustaba caminar por las calles-. Además, los pampeanos del oeste, los que de por sí deambulan por un desierto inmenso y vacío donde el único entretenimiento es salir cazar o carnear animales también se les hace difícil convivir encerrados con ellos mismos, por eso, la cuarentena en los pueblos -por ejemplo Arata- es lo más parecido a una cárcel con las puertas abiertas pero con un guardia apuntándote desde una cabina.
Como dijimos, y volviendo a los datos. Se podría decir que el pampeano es más susceptible o vulnerable al orden. El porcentaje de detenciones es bajo, porque equivale a 1753 personas sobre un total que ronda las 350.000; lo cual convierte a la provincia en una tierra de adultos y responsables. Digo, como para tener en cuenta si se trata de un territorio marcado por anarquistas y bairolettos.
En La Pampa, desde el sábado 21 y hasta ayer a la anoche, la policía –que trabaja en forma conjunta con el Ministerio Público Fiscal– demoró a 2231 personas. De ellas, a 478 las notificó en libertad –es decir, que fueron trasladas a comisarías para informales de ello, sin intervención de las fiscalías– y las otras 1753 (equivalente al 78 por ciento del total) fueron detenidas por violar la cuarentena. El pico de las detenciones se produjo el primer día, con 319; poco más que las 309 del miércoles pasado, la jornada posterior al feriado largo. Por el contrario, los días con menos aprehensiones fueron los feriados del lunes y martes con 173 y 177, respectivamente.
Los números, en definitiva, muestran la foto de un momento, ¿cual? que el pampeano es un adulto responsable y susceptible a la ley y al orden. Qué difícil hubiera sido para los poetas vagos, como Bustriazo Ortiz, acostumbrado a escaparse del encierro, caminar por las calles de Santa Rosa, circulando por la vía pública –sin ningún justificativo– hubiera terminado todas las noches en cana.




