Santa Rosa (2b) – La cuarentena exige ponernos innovadores y solidarios, como lo hizo una carnicería santarroseña. Todos los vecinos debemos permanecer en nuestras casas y salir lo menos posible, por eso a Marcos Luases, encargado de la Carnicería el Puesto, les propuso a sus compañeros comenzar con el delivery de carne para evitar que los clientes deban salir de sus casas, sobre todo las personas mayores. Además, vieron que esto les ayudó a frenar un poco la caída de las ventas, una situación que se repite en la mayoría de los negocios. Para el pago, y para que no saques plata en tiempos de pandemia, hasta implementó el uso de posnet inalámbrico.
Marcos conversó con Dos Bases y contó las nuevas formas de vender que debieron implementar en estos tiempos de pandemia. Él tiene 38 años, dos hijos chicos y pronto nacerá el tercero. Reconoce que lo que hace en su trabajo es para transmitirle buenos ejemplos a las próximas generaciones: “somos nosotros los que muchas veces tenemos que cambiar la forma de pensar, para que ellos aprendan algo de nosotros”.
El encargado de la carnicería ubicada en la esquina de las calles Alem y Garibaldi, justo al frente del Club Estudiantes, debió poner su creatividad al entender el sentido de ser solidario y lo importante de su rol como comerciante: “Al delivery lo incorporamos ahora, por un lado, para ayudar a los vecinos y también para buscar nuevas ventas”. “Hay gente grande a la que le llevamos la mercadería y están encantados con los cortes, porque nuestra carne es muy buena”.
Además, conoce a sus clientes y dice que: “Hay muchas personas que tienen tarjetas, pero no pueden ir hasta el cajero, por eso también incorporamos posnet inalámbrico, así que es una forma de ayudar a los clientes que no tienen efectivo”. Incluso, esta nueva modalidad le permite solucionar, en parte, la disminución de las horas y días en que puede estar abierta la carnicería: “tenes que buscar la manera de llegar a esos clientes que no pueden salir a buscar la carne”.
Ahora, los clientes pueden llamar y encargar sin preocuparse: “Ofrecemos llevarte todo y no te cobramos el envío”, contó. “Apostamos a que tampoco salgan porque si no, sería un libertinaje”, detalló, aunque se lamentó de que cada día que va al trabajo ve “gente que está en la calle a la misma hora y está yendo a comprar una manteca, y al otro día una leche, todo para salir”. Y explicó: “Tenemos que reflexionar y aprender como sociedad”.
Incluso, desde que salió la tarjeta Alimentar del Ministerio de Desarrollo Social, comenzaron a aceptarla de inmediato: “Pusimos débito, crédito y la tarjeta alimentaria, para que puedas comprar los cortes que quieras. Sé que hay lugares que vas con la tarjeta Alimentar y hay cortes de carne que no te quieren vender o incluso no te venden las verduras”. “Por eso nosotros vendemos todo, y además no subimos los precios para la Alimentaria, ni para débito. Es el mismo precio que contado efectivo”, reconoció.
Si, Marcos tiene algo claro: “Tampoco nos vamos a estar matando entre nosotros. Nosotros apostamos a que tenemos que salir entre todos adelante y no avivarnos con injusticias”. No ve con buenos ojos aumentar los precios en estos tiempos de necesidad colectiva.
Con respecto a algunos proveedores que suben los costos de la mercadería injustificadamente, reconoció que: “La semana pasada nos pasó con gente que nos traía pollo y carne, y directamente no bajamos porque suben los precios. La manera de cortarlos es así”. “No puede ser que el martes me pasas un precio, y venís el jueves, y me bajas la mercadería a $100 más, dejá, no lo quiero”.
“Nosotros compramos todo a proveedores locales, pero si ellos me aumentan la leche de un martes a un jueves, no puedo aceptarlo”, contó y enfatizó: “Si nos estamos dando una mano entre todos, no me podés matar a mí”. Y volvió a insistir en los aumentos que no tienen justificación: “hay mercadería importada a la que no le suben los precios y a la nacional que es de primera necesidad le suben”.
Al último, contó su secreto para evitar aplicar la inflación a sus productos: “Preferimos vender más kilos, que vender poco y cobrar más caro. Aunque esto nos hace esforzar mucho más, al trabajo lo repartimos entre todos en el local”.
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