Buenos Aires (2b) – En seis semanas de funcionamiento del Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular, ya se inscribieron casi medio millón de personas. Abierto desde el 7 de julio, el RENATEP suma ya 461.810 anotados, según dio a conocer la secretaría de Economía Social.
Los inscriptos son trabajadores que generan sus propios ingresos, tras haber quedado sin lugar dentro del mercado formal. En el gobierno estiman que esa franja social puede abarcar a seis millones de argentinos, esto es más de un cuarto de la población económicamente activa.
La creación del Renatep fue impulsada por los movimientos que integran la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, pensando en cómo poner en el mapa una realidad subvalorada en los análisis económicos. Uno de los debates en curso en este sentido es cómo reconocer derechos laborales a estos trabajadores.
En el Registro se inscribieron más mujeres que varones. La lectura que hacen en el Renatep de esto, refleja que la economía popular está feminizada, como la pobreza.
El 26% de los inscriptos realizan trabajos sociocomunitarios. Es un reflejo del momento que atraviesa el país con la pandemia y la crisis alimentaria. Sus trabajadores realizan en su mayor parte tareas en los comedores y merenderos comunitarios, preparando comida, limpiando, cargando y descargando mercadería, distribuyendo viandas-. También entran aquí, entre los trabajadores de sociocomunitarios, quienes sostienen medios de comunicación barriales, agentes de salud, quienes realizan tareas para sostener la escolaridad de los chicos y otras actividades de cuidado.
El 27 por ciento de los inscriptos trabajan en servicios personales. Las trabajadoras y trabajadores de limpieza son 21 de cada cien casos. Son mujeres que limpian casas por hora y que no llegan a ganar un salario mínimo o están en negro. Otro diez por ciento vive de cocinar para terceros y un porcentaje similar realiza servicios de peluquería, manicuría o depilación.
Un 13 por ciento trabaja en ferias u otros espacios públicos. Su denominador común es que trabajan en la calle, y por esto son los que en este momento están más limitados por la pandemia. No es difícil pensar que una vez terminada la cuarentena, este grupo va a ser mucho más que un 13 por ciento.
Sólo 4 de cada cien realizan actividades manufactureras (un ejemplo serían los trabajadores de polos textiles). También apenas el 4 por ciento tiene trabajo en el reciclado, recuperación y servicios ambientales, un área que para poder desarrollarse necesita del apoyo del estado -especialmente de que las municipalidades reconozcan el aporte ambiental de organizar este servico-.
Entre los que dependen del trabajo en la calle hay un abanico muy extenso de trabajo: vendedores ambulantes, feriantes, artesanos, vendedores callejeros pero con un punto fijo, comercializadoras alternativas en almacenes o nodos), artistas callejeros, limpiavidrios. Emparentados, pero en otro rubro, están los trabajadores precarizados del transporte, entre ellos quienes hacen delivery, manejan remises o fletes.
Una de las expectativas abiertas con el Renatep es que sirva para laboralizar las políticas sociales. Saber dónde y en qué se trabaja en la economía no formal y con qué ingresos.
«Creemos que hay seis millones de trabajadores de la economía popular, y las políticas del ministerio de Desarrollo Social alcanzan a menos de 600 mil. El Renatep va a servir para vincular las políticas sociales con el trabajo, pero también a reconocer e integrar a millones de trabajadores que hoy están en una situación de vulnerabilidad. Pensamos que el Registro es una herramienta clave en la salida de la postpandemia para todo el conjunto, no solo para los que cobran planes sociales. El universo es mucho más amplio» concluyó Sonia Lombardo.





