Buenos Aires (2b) – Adriana Puiggrós, renunció a su cargo de viceministra de Educación de la Nación, luego de 8 meses de gestión. En principio, el abandono del puesto se daría por diferencias con Nicolas Trotta, el ministro de la cartera. Además, el escrito de la renuncia lo habría presentado el viernes pero, tras la negativa de la ex funcionaria a la insistencia de Alberto Fernández para que se quedara, se la aceptaron recién hoy.
La renuncia, según averiguó Infobae, se debe a diferencias de gestión con el ministro, Nicolás Trotta, quien reiteradas ocasiones tuvo que aclarar algunas declaraciones de la ahora ex funcionaria.
En primer lugar, en marzo la pedagoga se había pronunciado en contra de las pruebas estandarizadas. “Evaluar no es un elemento de la enseñanza, es un instrumento de control y de selección y está pensado desde una lógica empresarial. Lo que busca es reducir cantidad de alumnos, de docentes, desde una idea meritocrática”, planteó en una entrevista.
Por los cuestionamientos ante un eventual cambio en las políticas educativas, Trotta indicó que el país “va a seguir participando en las pruebas de la OCDE (PISA) como en las de la Unesco (TERCE y SERCE)”, y agregó: “No hay contradicción entre lo que pienso yo y lo que piensa Adriana. Ella se refirió no a la evaluación en general, sino a cierta evaluación estandarizada porque no necesariamente esas pruebas reflejan la pedagogía argentina. Pero la posición nuestra es clara y consideramos importante evaluar el sistema. Por eso creamos nuestra dirección de Evaluación y estamos terminando de procesar los resultados de Aprender 2019”.
Luego, un mes después, en un su cuenta de Twitter vinculó la pandemia del COVID-19 con “el capitalismo financiero”.
“El coronavirus infectó sociedades humanas enfermas de neoliberalismo. La destrucción ambiental llevada a cabo por el capitalismo financiero liberó el virus”, abrió la ahora ex funcionaria.
“El irreflenable impulso de los dueños del capital produce una espiral que se retuerce engullendo a la sociedad. Numerosos autores han advertido que el tipo de tecnología modelada por la globalización neoliberal, fuera de control, mataría a la naturaleza, a la humanidad… y al humanismo. No fue la humanidad sino la naturaleza quien se ha rebelado, y de la manera más temible”.
“Hoy la ciencia y la tecnología luchan contra un monstruo natural inasible. Y en nuestro pecho anida una angustia básica, profunda, indescriptible”, consideró.





