Santa Rosa (2b) – A inicios del año pasado, los esquemas de vacunación no eran ni la sombra de hoy día son, la cantidad de dosis que llegaban a nuestro país era rápidamente consumida y los gobernadores de distintas provincias manifestaban en respuesta, claras intenciones de «cortar solos», negociar y financiar su propio suministro de vacunas para combatir la pandemia.
Pasó el tiempo, corrió agua bajo el río, a las palabras se las llevó el viento, las cartas firmadas y las gestiones hechas por los mandatarios provinciales quedaron clavadas en una casilla de correo sin leer.
En su momento, el gobernador pampeano Sergio Ziliotto, había llamado a sus pares a hacer autocrítica, los instó a redirigir sus esfuerzos; ¿la misión? abandonar la campaña de conseguir vacunas por cuenta propia y en su lugar, hacer más eficiente el mecanismo de inoculación masiva.
«Las vacunas no deben estar en los freezers sino en el brazo de los que necesitan», «muchos de los gobernadores que quieren salir a comprar yo les diría que primero vacunen las que tienen almacenadas y cuando les falte, recién ahí salgan», disparó el gobernador pampeano.
Visto lo visto, Ziliotto no tuvo reparo en asegurar que la postura de la provincia de La Pampa era de suma confianza para con el gobierno nacional en su labor de obtener vacunas, dado que, «los laboratorios a nivel internacional articulan principalmente con naciones, quienes tienen la fuerza para hacer valer el cumplimiento de los contratos y entregas de vacunas».
«Hacé lo que quieras mirá»
Por otro lado, Desde la Casa Rosada, se había alentado a los gobernadores a la compra e, incluso, los funcionarios nacionales indicaron que les ofrecían apoyo en las negociaciones. El planteo también incluyó que las dosis que se adquirieran unilateralmente serían descontadas de los envíos desde la administración central. Para estimar la inversión necesaria se tomaba como base que unas 100.000 dosis cuestan 1,3 millones de dólares.
Por aquellos meses la insuficiencia de las vacunas que llegaban ocupaban la agenda diaria y cada vez que un avión aterrizaba con dosis, había funcionarios recibiéndolos, incluyendo al propio presidente Alberto Fernández. Desde la oposición empezó a plantearse que la Nación debía autorizar a las provincias a comprar cuando, en realidad, nunca estuvieron excluidas. Los autores de un proyecto en ese sentido, los diputados radicales Alfredo Cornejo y Luis Petri, pedían el mismo esquema para los privados y la discusión se politizó en extremo.
Los voceros de Melella apuntaron que cumplieron con “todos los procedimientos y pedidos, se firmó todo lo necesario, pero los laboratorios se complicaron y centralizó la Nación”. Admitieron que lo complejo de las negociaciones hizo que los gobernadores desistieran.





