Buenos Aires (2b) Según los datos de los ministerios de Trabajo y de Desarrollo Social, hay mas 3 millones de personas inscriptas en el Renatep en todo el país. En Formosa, Santiago del Estero, Chaco, Jujuy, Salta, Misiones, Catamarca, Tucumán y La Rioja, los trabajadores de la economía popular superan a los formales.
El Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular (Renatep),lleva inscriptas 3.039.620 personas, en el marco de un proceso inaugurado en plena pandemia por el Gobierno para formalizar las tareas que realiza un tercio de la población económicamente activa.
Los informes del Renatep muestran que la economía popular ocupa al 34% de los habitantes activos (3.039.620 personas) y el 65,9% restante responde a la actividad privada. Otro dato a tener en cuenta es que del total país, casi el 11% (10,8%) de los trabajadores de entre 18 y 65 años están anotados en el registro oficial de la economía popular.
Formosa, Santiago del Estero, Chaco, Jujuy, Salta, Misiones, Catamarca, Tucumán y La Rioja tienen -en ese orden- mayor número de habitantes que viven de actividades encuadradas en la economía popular que aquellos inscriptos en el sector privado y la brecha, en estos casos, es abruptamente marcada.
Para el director de Economía Social y Desarrollo Local, Pablo Chena, es importante «desarrollar la economía popular, con acompañamiento productivo, es el desafío profundo para ir desterrando la pobreza estructural».
El recorte actual del Renatep muestra que la economía popular esta liderada por mujeres, con casi el 58% de las inscripciones, en un panorama global en el que los oficios, los servicios personales y los sociocomunitarios concentran el 62,4% de las ocupaciones.
En las ramas de la economía popular, se incluye a quienes desarrollan tareas de limpieza, en talleres mecánicos, peluquerías, comedores barriales, a los promotores de la salud, informáticos, cuidadores de personas y lustrabotas, entre muchos otros oficios.
La directora del Registro Nacional de Efectores Sociales del Ministerio, Sonia Lombardo, explicó a Telám, que «está claro que no se puede vivir de la feria y que hay que lograr que esta economía llegue al mercado de barrio y al supermercado».
«Hay que ayudar a legitimar esa producción, que accedan a las herramientas que certifiquen que eso se puede consumir, que es seguro, que es sano; no es sólo propaganda lo que se necesita sino también acceso a registros y certificados que, con el tiempo, permitan aumentar esa producción», declaró y entendió que, de esa manera, también se transforma algo del «orden simbólico y cultural».
Tanto Chena como Lombardo coincidieron en que la economía popular no sólo es clave en la lucha contra la pobreza estructural, sino también en la reinserción social de quienes son excluidos del mercado tradicional.




