Buenos Aires (2b) – Resultó sorpresiva la decisión del Fondo Monetario Internacional (FMI) de que Julie Kozack, una funcionaria que tiene a su cargo el caso argentino, deje su posición en el Departamento del Hemisferio Occidental para asumir como Directora Adjunta en el Departamento Europeo del FMI.
Si bien un portavoz del Fondo calificó la decisión “como parte de la rotación institucional rutinaria del personal superior”, cabe recordar que Kozack fue designada en 2019, es decir hace relativamente poco tiempo.
Si bien, desde el Fondo aclaran que “continuará trabajando en el programa de Argentina hasta septiembre para garantizar una transición ordenada y continuidad en la labor que desempeña», quienes conocen la dinámica del organismo señalaron que seguramente se limitará a preparar la transición.
Además, se especula que Kozack, ya en retirada, será menos “flexible” con los desvíos de las metas que mostrará Argentina, según adelantan analistas privados.
En Washington se suele decir que ser destinado a atender el caso argentino es un “castigo” ya que la mayoría de los anteriores miembros del staff que tuvieron a su cargo al país hoy ya ni siquiera trabajan en el FMI.
En este sentido, cabe señalar desde la famosa Anne Krueger, vinculada con el acuerdo celebrado durante el gobierno de Fernando de la Rúa, hasta la exdirectora del organismo Christine Lagarde y el ex Director del Hemisferio Norte, Alejandro Werner, que tuvieron a su cargo el mega crédito otorgado a la gestión de Mauricio Macri.
Tanto Lagarde como Werner avalaron un préstamo muy por encima de la cuota del país y que, es obvio, no logró ninguno de los propósitos enunciados en el acuerdo Stanb By. Ambos funcionarios hoy ya no pertenecen al organismo multilateral.
Precisamente Werner cuestionó el nuevo acuerdo alcanzado por el FMI con el anterior ministro de Economía, Martín Guzmán. Hace pocos días, en una entrevista, dijo que “hace tres años que no vemos un programa que refleje cómo el Gobierno va a buscar restablecer el orden macroeconómico y cómo va a sentar las bases, la parte microeconómica, para generar incentivos para la inversión y el empleo”.
Y, en lo que se puede considerar una crítica a Guzmán preciso: “Parecía que el Gobierno apostaba a que los problemas pasaban por reestructurar la deuda y se dieron cuenta de que la deuda era más un síntoma que la causa fundamental del problema”.





