Santa Rosa y Buenos Aires (2b) – En un intento por impulsar una estrategia opositora unificada frente al Gobierno de Javier Milei, distintos sectores del peronismo han dejado entrever la posibilidad de designar a un gobernador para encabezar el Partido Justicialista (PJ) en el próximo período. La intención es establecer una «mesa política horizontal» que defina la estrategia del espacio en esta nueva etapa. ¿De qué puede jugar Sergio Ziliotto en este nuevo armado?
Referentes del Justicialismo han expresado su voluntad de promover una renovación en las filas del PJ, aunque han aclarado que aún no hay decisiones formales al respecto. Esta iniciativa surge en medio de la necesidad de asimilar el nuevo rol opositor del peronismo a nivel nacional y consolidar nuevos liderazgos.
El gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, fue quien dio el puntapié inicial al proponer una «amnistía» para reunir a referentes de diversos sectores en una «gran mesa horizontal». Esta reunión incluiría a gobernadores, legisladores nacionales, la CGT y movimientos sociales, con el objetivo de coordinar acciones de oposición frente a medidas consideradas «regresivas» por el oficialismo, como el DNU de desregulación económica y ciertos puntos de la ley ómnibus.
En el ámbito partidario, esta intención de renovación podría afectar a la figura del actual presidente del PJ nacional, Alberto Fernández. Se baraja la posibilidad de que un gobernador tome la presidencia del Consejo Nacional del PJ, lo que requeriría convocar a la Mesa de Acción Política de esa fuerza. Alberto Fernández tiene mandato hasta abril de 2025.
Entre los nombres en consideración, se menciona al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, aunque se sugiere que él no tendría la «vocación» de liderar el PJ nacional. Esto podría abrir espacio para que otros mandatarios provinciales peronistas entren en la contienda.
Además, se contempla la participación del exministro de Economía y líder del Frente Renovador, Sergio Massa, en la discusión partidaria. Mientras tanto, el peronismo ha acordado desplegar una estrategia opositora en varios frentes ante lo que perciben como un «avasallamiento» de leyes por parte del Gobierno de Javier Milei, conocido como La Libertad Avanza (LLA).
En la provincia de Buenos Aires, algunos sectores del peronismo buscan una renovación que vaya más allá de la conducción de Máximo Kirchner, actual titular del espacio en ese distrito, y respaldan a Axel Kicillof, quien podría contar con el apoyo de intendentes no solo del PJ sino también del «vecinalismo», representado, entre otros, por Guillermo Britos de Chivilcoy.
La Pampa, ¿una punta para picar a lo nacional?
La provincia es una fija histórica para el PJ. Ganador indiscutido a nivel provincial desde hace 40 años y supo tener referentes nacionales que ejercieron su poder de mandatario dentro de los despachos del Congreso y Casa Rosada. Ese perfil se empezó a plasmar sobre el primer mandato de Carlos Menem, cuando Rubén Marín y la «Banda de los pampeanos» compuesta por Matzkin y Solé, entre otros, llegaron a distintos espacios de cercanía al expresidente riojano. Matzkin, asimismo, fue presidente de la Cámara de Diputados hasta que el propio Menem pidió que renunciara para posicionarse como viceministro del Interior (luego escalaría con Duhalde al lugar de ministro). Carlos Verna, en el Senado, presidió la Comisión de Presupuesto.
Pero volviendo a lo actual, La Pampa cuenta con 4 consejeros dentro de los 75 oficializados por carta orgánica. Ellos son: Carlos Verna, Sergio Ziliotto, María Luz «Luchy» Alonso y Yamila Mustafa.
El pasado 20 de diciembre el PJ reunía a sus gobernadores para lanzar un comunicado contra las políticas fiscales de Milei que dejaría «en banda» a las Provincias. Ziliotto auspició de anfitrión, tal como lo daría a conocer dosbases.
La imperiosa figura de Kicillof podría abrir puertas a gobernadores del interior. Si Quintela e Insfrán se le animan al centralismo justicialista, ¿Por qué La Pampa no?
Los espacios de conducción nacional fueron esquivos a La Pampa años anteriores, sin embargo, el trabajo justicialista en la provincia, con un superávit presupuestario e índices de calidad de vida que se apogean por ser los mejores del país, además de una ‘en orden’ a pesar de internas entre espacios que poco se traslucen en la gestión, en un momento nacional delicado como el actual, podría darle al gobernador un plus para disputar, en el peor de los casos, lugares importantes para tomas decisión.





