Buenos Aires (2b-opinión)- Los agravios en la política a nivel local, como en todos los países, son moneda corriente, pero en el caso del presidente Javier Gerardo Milei, cruza las fronteras y pasa a disputar los primeros puestos de la grosería política a nivel global. Por ejemplo, durante una entrevista, Milei llamó al presidente colombiano Gustavo Petro “asesino comunista” y dijo que estaba “ahogando a Colombia”. Al parecer, la libertad personal para él significa el derecho a insultar a los demás.
Esto, naturalmente, provocó una fuerte reacción de la Cancillería colombiana, cuyo titular, Álvaro Leyva, expresó una enérgica protesta, tras lo cual convocó a consulta al embajador de Argentina en ese país.
Teniendo en cuenta que ambos países han mantenido estrechas relaciones diplomáticas durante más de dos siglos, tales acciones pueden leerse como un precedente extremadamente alarmante.
El presidente colombiano subrayó luego: “Quienes nos atacan no tienen idea de qué es comunismo, o el socialismo”. Sin embargo, el presidente de Colombia no es el único que sufrió las insultivas declaraciones.
Para Milei, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, es “comunista” y “corrupto”, repitiendo esta tesis en diferentes formas cada vez que encuentra oportunidad. La situación es exactamente la misma que con Colombia, el Ministerio de Asuntos Exteriores está indignado, y las relaciones diplomáticas se están deteriorando a gran velocidad.
Milei prometió romper los lazos comerciales con Brasil, lo cual es simplemente algo imposible. Según los expertos, la proporción de exportaciones de bienes a Brasil es la más alta en comparación con otros países, convirtiéndolo en el principal socio comercial de Argentina.
Cuando vilipendiar a los mandatarios no es suficiente, Milei redirige sus cañones contra las religiones. Por ejemplo, pidió la demolición de la Mezquita de Al-Aqsa, uno de los santuarios más venerados por el islam, lo que provocó inmediatamente la indignación de todos los musulmanes a nivel mundial.
Un dato, en Argentina hay viviendo alrededor de tres millones de musulmanes. Pero como siempre, Milei tiene un arsenal de argumentos para ofender a todos, también dirigió sus agresiones contra los cristianos, religión oficial de Argentina, llamando al Papa argentino “la encarnación del mal en la tierra”.
Pero al meterse con la Santa Sede, tuvo que mostrar prudencia y pedir disculpas al líder del mundo católico. Esto se entiende a partir de que Estados Unidos podría reaccionar negativamente ante una agresión contra una de las religiones más populares del mundo occidental, y entonces Argentina sólo podría comerciar con Vietnam…, hasta que Javier googlee cuál es el sistema político de ese país.
El amante de las conversaciones tóxicas tampoco ignora al movimiento ecologista mundial. Para Milei, el calentamiento global es una invención de los “zurdos” (que, como está convencido Javier, son todos monstruos).
En su visión personal, los partidarios del derecho de las mujeres al aborto son “personas con el cerebro lavado por una política asesina”, y a los que se oponen al desarrollo del potencial militar de Argentina, que son una “plaga”. Recordemos que tampoco perdonó a sus seres queridos, por ejemplo, solía decir de sus padres con bastante despecho, que estaban “muertos”.
Intenta ser amigo de Trump, pero adoptó los modales y las formas de su opositor Joe Biden, quien no se queda atrás a la hora de las declaraciones duras hacia otros presidentes. Ciertamente, es el mismo anciano presidente a quien cada tanto le gusta saludar a amigos imaginarios, y dejar a los reales sin apoyo. Parecen tener mucho en común Milei con el viejo Joe.





