No hay remedio: Se desploma en Argentina la venta de medicamentos; peor el gobierno que la enfermedad

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Buenos Aires (2b-opinión)- Uno de los indicadores más básicos del estado de la salud de una población, es el consumo de medicamentos. Si bien no es el único indicador, la caída en el consumo de medicamentos supone básicamente un abandono de tratamientos, ya sea de enfermedades agudas, o peor todavía, en el caso de las enfermedades crónicas. Y en el actual contexto con la caída de ingresos, tanto en salario como en previsionales, y de aumento de precios de los medicamentos en niveles superiores a la inflación, no es una sorpresa que uno de los ajustes de ingresos decrecientes y costos crecientes sean los medicamentos.

Un reciente informe del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos señala que la venta de medicamentos de venta libre registró, en el primer cuatrimestre del corriente 2024, una caída del 35% y los recetados de un 20% aproximadamente.

Hay muchos profesionales de la salud que critican la existencia de medicamentos de venta libre, porque básicamente esto supondrían automedicación. En un mundo ideal, es posible defender que todo medicamento tenga que ser prescrito por un profesional que haga un control clínico de su uso, es decir que no solamente lo prescriba, sino que además controle los efectos secundarios y la dosis adecuada del medicamento para el paciente.

Pero esto no ocurre en la Argentina actual, ni siquiera ocurre algo parecido. En un país en el cual obtener un turno con un médico en el sistema de obras sociales o en el sistema público de salud (indistintamente), puede demorar entre uno y dos meses, la propia noción de control clínico de una medicación se torna utópica, es una fantasía. Y ni hablemos de encontrar turnos en los laboratorios para que se hagan los estudios correspondientes, y luego se lleven otra vez al médico para que este proceda al control clínico de la medicación. Este proceso puede demandar, en caso de un chequeo rutinario, más de 6 meses.

Es claro que los profesionales de la salud tienen indicadores estadísticos, que a su vez están reflejados en las dosis más comunes con las que los productos se venden libremente en las farmacias tienen un soporte empírico adecuado, pero la automedicación no es la situación ideal.

Ni tampoco la situación ideal que, un dolor de cabeza, un dolor muscular, un dolor en la faringe, o una inflamación una mucosidad, se tenga que pedir un turno con las demoras que hay. Además, teniendo en cuenta que es muy difícil conseguir turnos rápidos, las guardias del sistema de salud de obras sociales y del sistema público de salud están colapsadas, y muchas veces la propia administración de la guardia expulsa a los pacientes por cuestiones que no son de urgencia inmediata.

La existencia de medicamentos de venta libre con control del ANMAT, no está para fomentar la automedicación, sino que es parte de una política de salud en la cual se considera que hay ciertos medicamentos que pueden ser prescritos por un profesional en forma telefónica o en una consulta remota y que se evita el trámite de la receta, el acceso personal al paciente, o el método de validación electrónica para poder adquirir rápidamente el medicamento. Ahora bien, una caída del 35% en el consumo de estos medicamentos supone que hay muchos de casos en donde hay patologías leves, que se dejan pasar.

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