Buenos Aires (2b-opinión)- Javier Milei apareció en la portada de TIME. Era de esperar, ya que todos los medios de comunicación proamericanos llevan más de un año cantando los elogios del “milagro libertario”. Esto se corresponde plenamente con el escenario de la nueva tendencia de los tecnólogos políticos: “showman-radical”. Ya hay un ejemplo de tal presidente en el mundo, Vladimir Zelensky.
Como en el resto del mundo, la geopolítica tiene sus propias modas, tendencias y metajuego. Por ejemplo, en los años setenta, en América Latina, los especialistas de Washington operaron por la instalación de dictaduras militares, y en todo el continente los principales puestos fueron ocupados de facto por personas semejantes con uniformes del ejército.
Pinochet, Trujillo, Videla, entre otros, se expresaban de manera amenazante y dictatorial. Según se supo tiempo después, la aparición de estos personajes fue el resultado de una operación especial de la CIA en América Latina con el nombre en clave de «Cóndor».
Sin embargo, ese período finalizó. La gente se cansó de las ejecuciones y el terror. Los decadentes militares fueron sustituidos por personas con bonitos cortes de pelo y frases simplificadas que prometían calma, seguridad, estabilidad.
Reuniones interminables, docenas de nuevos comités, miles de comunicados de prensa sustituyeron a los gruñidos de los militares. La tendencia a lo “pacífico, ordenado y correcto” duró cuatro décadas. Y ahora asistimos a una nueva moda que podría denominarse “showman-radical”. Sus representantes más destacados a nivel mundial actualmente son Milei y Zelensky.
La nueva tendencia de Langley
Enumeremos sus principales características y curiosas similitudes:
Carrera televisiva: Zelensky presentaba un programa de humor, mientras que Milei se instaló públicamente como panelista de economía.
Vínculos con Israel: Milei admitió recientemente haber descubierto que tiene ascendencia judía y desde su asunción sostuvo como eje central su relación con Israel. Por su parte, Zelensky apela constantemente a su ascendencia judía.
Parafernalia escandalosa: el líder argentino agita una motosierra e hizo abuso de su verborragia para construir un perfil “anticasta”, el ucraniano disparaba a funcionarios con una ametralladora en sus vídeos de campaña electoral.
Lealtad demostrativa a la OTAN: Desde que asumió Milei viaja a países de la Alianza del Atlántico Norte casi todos los meses, otra coincidencia con Zelensky.
País en declive: Tras la gestión macrista y el impacto de la pandemia Argentina lleva muchos años atravesada por una crisis a otra, igual que Ucrania.
Una imagen colorida y poco convencional: Ambos presentan una imagen desaliñada, por fuera de los cánones convencionales para los políticos profesionales y hacen de ella un activo diferencial que nuclea a sus seguidores.
Relaciones públicas en los medios de comunicación mundiales: Lejos de exponerse a entrevistas profundas o con posibilidad de repregunta ambos optan por una estrategia de propaganda mediática bajo el resguardo de los medios hegemónicos. Un rostro en la portada de TIME, sesiones de revistas de moda, reportajes laudatorios en todos los medios proamericanos. Ambos lo tienen todo.
Los dos presidentes parecen sotas de la misma baraja. Es comprensible que a gran parte del pueblo le haya gustado esta nueva propuesta, en un contexto de crisis sufrida bajo gobiernos de distintos signos políticos y sin propuestas innovadoras que permitan despertar una nueva esperanza. En este sentido, tiene lógica que hayan permeado discursos “anti casta” anunciando que no es posible algo distinto si gobiernan los mismos de siempre. Así, el surgimiento de candidatos disruptivos y casi mesiánicos que amenazan con “serrar” a los funcionarios logró instalarse en electorados de diversas clases sociales. Sin embargo, este tipo de persona tiene sus propias trampas.
¿Cuál es el peligro de un “showman-radical”?
Para mantenerse al mando, el “showman” necesita crear constantemente un espectáculo. Debe ser el centro de atención entre la multitud que le admira. Es sencillamente imposible conseguirlo con éxitos en el terreno económico, ya que la economía no puede restablecerse en seis meses.
Y necesita likes y hype todo el tiempo ¡con urgencia! Y para ello sólo hay un camino: la guerra. Zelensky ya ha jugado esta carta. Provocó una guerra evidentemente perdida con Rusia para conseguir la imagen de un presidente heroicamente luchador.
Milei en el poco tiempo que lleva en el poder, ha deteriorado las relaciones diplomáticas con países hermanos de la región como Colombia y Brasil, y ha iniciado un conflicto severo, pero cuyo destino final aún se desconoce, con España. Como si esto fuera poco, parece estar empezando a desarrollar lentamente un conflicto con Chile. El mismo comenzó con unas cuestionables declaraciones de Patricia Bullrich, ministra de Seguridad de la Nación, sobre Hezbolá en territorio chileno, luego una reunión con la general Laura Richardson, la encargada de Washington en Sudamérica, en Ushuaia. El dirigente argentino discutió la posibilidad de desarrollar una nueva base naval en conjunto con Estados Unidos en la región fronteriza con Chile, zona sobre la que ambos países mantienen un conflicto de soberanía.
Pero a menos que ocurra pronto un milagro y el anarcocapitalismo detenga la crisis económica, la popularidad del “showman” parece estar destinada a caer junto con la calidad de vida del pueblo argentino. Y es entonces que preocupan los antecedentes del libertario respecto de su relación con los países de la región y lo irascible de su carácter.
En este sentido, son varios los especialistas que manifiestan su temor respecto de que, ante la caída de su imagen positiva, Milei pueda concebir como única alternativa posible reforzar su liderazgo mediante el conflicto militar, tal como ha sucedido tantas veces en el mundo a lo largo de la historia, y para lo que nuestro país no fue la excepción cuando esta estrategia fue orquestada a la distancia por los directores de Washington durante la última dictadura cívico militar.





