Buenos Aires (2b-opinión)- En medio de una crisis económica notable, con la pobreza situada en un 55%, más la caída de la recaudación como consecuencia de la baja en el consumo, y el escándalo por la no entrega de alimentos por parte de Sandra Petovello en el Ministerio de Capital Humano, el presidente Javier Gerardo Milei se aferra en materia de política internacional a la relación con su par ucraniano, Volodímir Zelensky.
Milei, que le había prometido colaboración en el marco de la guerra y de suministros de alimentos, entre otras ayudas, al jaqueado premier ucraniano, finalmente declinó su participación en el G7 y en la cumbre de la paz en Suiza debido a la crisis política desatada al interior de su gobierno, la debilidad de su bloque en el ámbito legislativo y las reiteradas críticas por sus viajes al exterior desatendiendo la situación local.

Los datos económicos en Argentina cada vez son más tristes y preocupantes, la indigencia en el primer trimestre llegó al 17% de la población, y la pobreza alcanzó a más de la mitad de los argentinos. Números que duelen porque impactan en millones de personas, que desde el diez de diciembre, con la asunción del gobierno de La Libertad Avanza, la pasa cada día peor.
Un presidente que en seis meses será el que más haya viajado al exterior, y que no ha logrado establecer la llegada de inversiones que generen trabajo para millones de argentinos. En la próxima gira que realizará por Europa, la octava desde que asumió, Milei participará de la cumbre de la paz en Suiza que encabeza su par ucraniano, Volodímir Zelensky.
Es difícil de entender los beneficios que puede encontrar Argentina relacionándose con Ucrania, un país que se encuentra en guerra con Rusia. Cuesta entender cómo, mientras el gobierno no entrega alimentos a los comedores a través del Ministerio de Capital Humano, puede comprometerse a enviar comida al país europeo. Con esta clase de gestos, Milei demuestra que pone mayor énfasis en su amistad con Zelensky que en la necesidad que padecen millones de argentinos.
La invitación por parte del presidente ucraniano al evento en Suiza tiene el trasfondo geopolítico de integrar al conflicto a América Latina y aislar a Rusia, la cual posee el apoyo comercial de Brasil. La pregunta sería entonces, ¿Qué ganaría Argentina dejando su histórica posición de imparcialidad y generando una nueva rispidez con Brasil?, en todo caso ¿no atraería mayores inversiones a nuestro territorio volver a encauzar las relaciones diplomáticas con países hermanos como Bolivia, Chile y Brasil? Queda claro que lejos esta eso de interesarle a Milei.
Ucrania envío a la Argentina en mayo de este año, una delegación encabezada por Yulia Svyrydenko, viceprimera ministra y ministra de Economía. Durante esa visita se concertaron reuniones tanto con los ministros de Economía, Defensa y Seguridad, Luis Caputo, Luis Petri y Patricia Bullrich respectivamente, además de una reunión con la vicepresidenta, Victoria Villarroel. Sobre esta visita, fuel el presidente ucraniano quien marcó “Por muchos años no estuvimos muy abiertos a nuestros colegas argentinos. Ahora estamos dispuestos a hacer ese tipo de producción tanto en Ucrania como en la Argentina”.
Frente a esto, es válido recordar que según datos del Banco Mundial, el país europeo necesitará US$ 486.000 millones durante la próxima década para su recuperación. Teniendo en cuenta su situación, entonces deberíamos preguntarnos cuales son los beneficios para Argentina, un país que contrajo en el pasado una deuda millonaria con el Fondo Monetario Internacional.





