Buenos Aires (2b) – El médico Sergio Alfieri, quien encabezó el equipo que acompañó al papa Francisco en sus últimas internaciones, brindó un conmovedor testimonio sobre los últimos momentos del pontífice. Según relató, fue él quien ingresó a la habitación del Santo Padre en la residencia vaticana Santa Marta y lo encontró con los ojos abiertos, pero sin responder a ningún estímulo. «No había nada que hacer», afirmó.
Alfieri explicó que el papa no presentaba dificultades respiratorias, pero ya no reaccionaba. «Intenté llamarlo, no contestaba. No respondía a los estímulos, ni siquiera a los dolorosos. En ese momento me di cuenta de que estaba en coma», recordó. Agregó que se respetó su voluntad de no ser trasladado nuevamente al hospital, ya que su deseo era morir en su casa.
La decisión de no intervenir de forma invasiva había sido tomada con antelación, en base a instrucciones precisas que el papa había dado a su asistente personal de salud, Massimiliano Strappetti. “Si perdía el conocimiento, se debía evitar cualquier ensañamiento terapéutico. Él mismo había dejado en claro que no quería ser intubado nuevamente”, sostuvo el profesional.
Alfieri, quien operó al papa en dos ocasiones, relató también cómo fue advertido en la madrugada del lunes previo a la Pascua sobre el agravamiento del cuadro. “Recibí una llamada de Strappetti a las cinco y media de la mañana. Me dijo: ‘El Santo Padre está muy enfermo’. En veinte minutos ya estaba en Santa Marta. No valía la pena trasladarlo, hubiera sido inútil”, rememoró. “Murió poco después”, añadió.
Sobre la causa de la muerte, Alfieri señaló que se trató de un ictus –un accidente cerebrovascular– que derivó en un coma y finalmente en una parada cardiocirculatoria. El parte oficial, firmado por el director de Sanidad e Higiene del Vaticano, Andrea Arcangeli, indicó que la muerte se produjo a las 7:35 de la mañana del 21 de abril.
El médico también compartió una reflexión sobre el estado de ánimo del papa en sus últimos días: “Es como si, acercándose al final, hubiera decidido hacer lo que tuviera que hacer”. Recordó con especial emoción el momento en que el pontífice accedió a recorrer la Plaza de San Pedro entre los fieles durante la misa de Pascua. «Nunca se expuso al peligro, pero aceptó esa despedida simbólica», dijo.
Mientras tanto, miles de fieles continúan despidiéndose del pontífice. La afluencia ha sido tan masiva que las autoridades del Vaticano evalúan extender el horario para permitir que más personas puedan darle el último adiós al papa argentino que transformó la Iglesia durante más de una década.





