Santa Rosa (2b)- El mercado automotor registró cifras históricas en junio, impulsado por la venta de usados. En La Pampa también creció la demanda, aunque persisten los límites de oferta, precios y acceso al crédito.
Mientras las terminales y concesionarias celebran un semestre récord en la venta de autos usados a nivel nacional, en La Pampa el fenómeno también se siente, pero con matices que reflejan las desigualdades estructurales del mercado automotor argentino.
Según datos de la Cámara del Comercio Automotor, junio fue el mejor mes de la última década en el país, con 143.191 transferencias de vehículos usados, y el primer semestre cerró con más de 918 mil unidades vendidas, un 24 % más que en el mismo período del año pasado.
En La Pampa, si bien los números marcan una suba interanual en las operaciones, los actores locales del sector reconocen que el impulso es más moderado y que las condiciones estructurales del interior siguen siendo un límite claro: menos stock, mayores costos logísticos, financiamiento inaccesible y una red de concesionarios que no siempre acompaña la demanda.
“El mercado está muy activo, pero en realidad se está vendiendo lo que hay, no lo que la gente busca. Hay poco margen para elegir”, explicó un operador de Santa Rosa consultado por Dos Bases. En otras palabras: el récord nacional no necesariamente implica una mejora en las condiciones del consumidor pampeano.
Muchos compradores siguen apelando al auto usado como refugio de valor ante la incertidumbre económica, en un contexto donde los 0 km siguen lejos del alcance real del salario medio. La estabilidad cambiaria y el reacomodamiento de precios impulsaron la actividad, pero el acceso al crédito sigue prácticamente paralizado, sobre todo en las provincias del interior.
Uno de los grandes ausentes del boom es el financiamiento. A pesar del crecimiento de las ventas, las operaciones con crédito son marginales. En La Pampa, donde la banca pública tiene una presencia clave, no existen líneas específicas accesibles para la compra de usados, lo que reduce las posibilidades a pagos de contado o permutas, en un esquema que excluye a buena parte de los asalariados.
“El círculo virtuoso del que hablan los grandes operadores no existe acá. Acá hay remanentes de stock que se van acomodando, con esfuerzo, porque el Estado no aparece, y el mercado funciona como puede”, señalan desde el sector.
Los concesionarios coinciden en que hay movimiento, pero nadie se anima a hablar de sostenibilidad. Las ventas crecieron porque se reacomodaron los precios y apareció algo más de oferta, no porque haya una mejora estructural. “Si vuelve la tensión cambiaria o se retrae la oferta, se cae todo”, advierten.
En definitiva, La Pampa se suma al récord, pero desde la banquina. Participa, sí, pero sin condiciones equitativas, sin crédito, sin incentivos y sin un modelo de desarrollo regional que garantice un mercado estable, accesible y transparente. Lo que hay, por ahora, es rebote, no despegue.





