Santa Rosa y Buenos Aires (2b) – La caída fue tan abrupta como significativa. El déficit primario alcanzó los $1,01 billones y, sumando el pago de compromisos de deuda por $1,72 billones, el rojo total trepó a niveles que exponen el frágil equilibrio del programa económico encabezado por el ministro de Economía, Luis Caputo.
Entre las principales causas del salto en el gasto figuran el pago del aguinaldo a empleados públicos y a más de 7 millones de jubilados, además del impacto de los aumentos en prestaciones sociales (4,6% en junio) y un alza interanual del 56,4% en las transferencias a provincias. Solo en un mes, el gasto en personal aumentó $400.000 millones y el de jubilaciones y pensiones se disparó en $1,9 billones.
Al mismo tiempo, los ingresos del Estado se vieron golpeados por la eliminación del impuesto PAIS, la caída del 12,9% real en Ganancias y una merma global del 0,6% en la recaudación. Aunque hubo una recuperación en retenciones (16%) e ingresos por Seguridad Social (25,4%), no alcanzaron para compensar el deterioro.
La base monetaria, además, creció 17,7% solo en junio, una expansión que contradice los principios que el propio Milei había defendido como condición innegociable para estabilizar la economía. Esa inyección de pesos podría estar alimentando el reciente repunte inflacionario, reflejado en la fuerte suba del IPC en la Ciudad de Buenos Aires.
Desde el Gobierno intentan minimizar el impacto al calificarlo como una “excepción estacional”, pero la señal es contundente: la bandera del superávit que se venía ondeando con orgullo se resquebraja ante la presión de los compromisos internos, la fragilidad de los ingresos y el costo social del ajuste.
Los datos oficiales del Ministerio de Economía se conocerán el 14 de julio, pero se espera que presenten una versión menos cruda gracias a diferencias metodológicas (base caja en lugar de base devengado). Sin embargo, los datos de la OPC —más abarcativos— ya marcaron el golpe: la cruzada fiscal de Milei entra en zona de turbulencia.





