General Pico (2b Norte) – Una empleada del hospital Gobernador Centeno podó un caldén que había sido plantado hace casi 20 años para conmemorar el centenario de la institución. La mujer dijo que sus ramas la molestaban y que sabía podar. Sin embargo, se comprobó que las ramas no eran molestia y el trabajo estaba muy mal hecho.
Un acto de presunta negligencia y arrogancia desató la indignación en Pico y se transformó en un acto administrativo, pero podría escalar a un expediente judicial. El protagonista de esta historia es un caldén, especie emblemática de La Pampa, cuya vida simbólica fue truncada de un modo brutal en el corazón del Hospital Gobernador Centeno.
El hecho ocurrió el pasado martes, cuando una empleada del Banco de Sangre decidió, por su propia cuenta y sin autorización, podar de manera drástica un caldén de 19 años. Este árbol no era uno cualquiera; había sido plantado en 2006 para conmemorar el centenario del hospital, y un cerco de hierro protegía su valor patrimonial. Sin embargo, su significado histórico y simbólico fue ignorado. La mujer justificó su acción alegando que las ramas la «molestaban» al caminar y que tenía «conocimientos de poda».
La explicación, sin embargo, se desmoronó rápidamente. Una inspección del lugar reveló que no existen senderos ni trazas que obliguen a transitar cerca del árbol. Más contundente aún, las imágenes de la mutilación evidenciaron un daño irreparable, muy lejos de cualquier técnica profesional. Este acto de vandalismo contra un símbolo institucional provocó una reacción inmediata.
Ante la gravedad de la situación, la Dirección del Hospital no tardó en actuar, iniciando un sumario administrativo y notificando a las autoridades provinciales. Pero el incidente ha escalado más allá de lo disciplinario. Personal del nosocomio gestiona ante la Municipalidad de General Pico para determinar si se violó el régimen de protección arbórea de la ciudad. Si se confirma una poda no autorizada, la empleada podría enfrentar una denuncia en la Justicia Contravencional, bajo un régimen que prevé multas económicas que, en este caso, podrían triplicarse al tratarse de una agente del Estado.
La indignación es palpable en la comunidad hospitalaria, un grupo de trabajadores que se enorgullece de la forestación del predio y que incluso se ha ocupado de su embellecimiento, creando jardines y solicitando la intervención del municipio en otros casos de árboles añejos dañados. La bronca se ha replicado en las redes sociales, reavivando el debate sobre el cuidado del patrimonio natural.





