Buenos Aires (2b9) – El presidente Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, se preparan para horas decisivas: buscarán cerrar un respaldo financiero con Donald Trump y con la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva. La novedad es el apoyo explícito del secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, que puso en pausa la corrida cambiaria y abrió un escenario hasta hace poco impensado: la posibilidad de que Estados Unidos aporte dólares frescos a la Argentina.
Entre las alternativas, Bessent deslizó tres opciones: un swap de monedas, la compra directa de pesos y la adquisición de bonos argentinos en dólares por parte del Fondo de Estabilización Cambiaria del Tesoro (ESF), que dispone de US$ 22.000 millones líquidos. Aunque nunca se usaron en el caso argentino, las dos últimas variantes son las que más expectativa generan en el mercado. De concretarse, sería la novena vez en 40 años que el Tesoro de EE.UU. asiste al país.
En los despachos oficiales destacan especialmente la chance de un repo de monedas, mecanismo que permitiría obtener divisas a corto plazo con activos como colateral —bonos soberanos, reservas o incluso flujos de exportaciones—, similar al esquema que México utilizó en 1995 para acceder a un crédito de US$ 20.000 millones. Otra carta en estudio es la compra de bonos, que ya impulsó un repunte del GD30 de 19% en la última jornada y bajó el riesgo país por debajo de los 1.100 puntos.
Aunque Bessent aseguró que la ayuda llegaría “sin condiciones”, economistas prevén exigencias no escritas: desde limitar la intervención oficial en el mercado cambiario hasta un eventual compromiso de no renovar el swap con China. El trasfondo político de la negociación, advierten, es tan relevante como el financiero: Washington busca no solo estabilizar la economía argentina, sino también desplazar la influencia de Beijing en la región.





