Santa Rosa (2b) – El domingo 26 de octubre, 304.693 pampeanos estarán habilitados para votar. Entre ellos, 8.769 jóvenes de 16 y 17 años —4.350 mujeres y 4.419 varones— que debutarán en las urnas, algunos con más entusiasmo por la selfie del sobre que por la política en sí. Pero ahí estarán, sumando un voto que, en una provincia de equilibrio fino, puede inclinar la balanza.
En juego hay tres bancas de diputados nacionales, pero lo que realmente se disputa es la lectura política del ciclo Milei: ¿fue un relámpago o un cambio de era?
Los cinco nombres y lo que representan
La boleta peronista “Defendamos La Pampa”, encabezada por Abelardo Ferrán, lleva el sello de la gestión provincial. Es el candidato de la continuidad, de la obra pública y del Estado presente. Su estrategia es clara: provincializar la elección, despegarse del fuego cruzado nacional y repetir el libreto que tantas veces le funcionó al PJ pampeano: “Nosotros defendemos la provincia, los otros obedecen a Buenos Aires”.
Del otro lado, Adrián Ravier, de La Libertad Avanza-PRO, aparece como el rostro del experimento liberal. Lo suyo ya no es la “libertad” sino el intento de justificar los vaivenes del gobierno nacional, que un día elimina las retenciones y al otro las reimplanta. Ravier carga con el peso de los escándalos del “3 % de Karina” y los vínculos non sanctos de José Luis Espert. Lo acompaña un espacio dividido, sin estructura y con más voceros que militantes.
En el medio, Federico Guidugli, por Cambia La Pampa (UCR), intenta ocupar el terreno del votante moderado, ese que está cansado de Milei pero que tampoco comulga con el peronismo.
Más a la izquierda, Claudia Lupardo (FIT-Unidad) representa la voz antisistema por convicción y no por marketing. Habla de redistribución, derechos y soberanía alimentaria mientras el resto discute encuestas. Su campaña tiene poco presupuesto, pero más coherencia ideológica que el resto juntos.
Finalmente, Ayelén Pilcic, del Movimiento al Socialismo (MAS), apunta a ese electorado joven, feminista y ambientalista que se siente huérfano en la política tradicional. Es el voto de minoría, pero también el que sostiene los debates de fondo que el resto evita por miedo a perder simpatías.





