Santa Rosa (2b) – Lo que hace apenas unos meses se presentaba como una ola imparable terminó convertido en un tembladeral político. La Libertad Avanza llegó a La Pampa con la pretensión de “arrasarlo todo”: las estructuras, los privilegios, la casta. Pero a medida que se acercó el final de la campaña, el discurso refundacional empezó a resquebrajarse bajo el peso de las denuncias, las contradicciones y los intereses económicos que el propio gobierno nacional terminó favoreciendo.
En los cafés políticos de Santa Rosa y General Pico ya se repite una frase que resume la situación: “De pensar que arrasaban, a pelear por no salir terceros”.
La campaña que se desinfló
El despliegue libertario en La Pampa fue, desde el inicio, un espejo fiel del proceso nacional. Las peleas internas, el personalismo de los dirigentes y la ausencia de una estructura real dejaron a la fuerza sin base territorial sólida. Lo que comenzó como una promesa de renovación terminó como un mosaico de desencuentros y desconfianza.
El punto de quiebre fue el escándalo del llamado “3 % de Karina”, la denuncia que involucra a la hermana del presidente en presuntas coimas vinculadas a fondos públicos. A eso se sumaron los vínculos de José Luis Espert con un entramado narco, revelaciones que socavaron el discurso moralista de la “nueva política”.
Mientras tanto, las medidas económicas de Milei —particularmente las retenciones cero a las cerealeras— encendieron la furia del campo pampeano. Los pequeños y medianos productores se sintieron estafados: la quita temporal de retenciones benefició exclusivamente a las grandes exportadoras, que liquidaron dólares al instante y provocaron pérdidas millonarias en la economía provincial.
El resultado fue una paradoja: el gobierno que decía venir a romper con los privilegios, terminó acusado de favorecer a los mismos grupos concentrados que criticaba.
La grieta interna y el costo de la desilusión
En la Pampa libertaria hay más reproches que convicciones. Algunos militantes renunciaron en público: denunciaron que el espacio “se convirtió en un apéndice del PRO” y que “la pureza liberal fue reemplazada por la rosca electoral”. La fractura interna se tradujo en improvisación, candidatos que no se hablan y actos vacíos en pueblos donde hace apenas un año se prometía la “revolución liberal del oeste”.
La pérdida de confianza social es todavía más profunda. En Santa Rosa, jubilados y trabajadores autoconvocados marcharon hacia la sede de LLA al grito de “Karina, coimera”. El gesto sintetiza un cambio de ánimo: el malestar que antes se proyectaba hacia “la política tradicional” hoy se redirige al oficialismo libertario.
La lectura política
En términos electorales, La Libertad Avanza enfrenta un cierre de campaña cuesta arriba. Si las encuestas locales no mienten, podría quedar relegada al tercer puesto, detrás del peronismo provincial y de la oposición radical. El dato no es menor: La Pampa fue uno de los distritos donde Milei apostó fuerte para consolidar presencia federal.
El fracaso libertario allí tiene varias lecturas. Primero, la pérdida de coherencia discursiva: un gobierno que habla de “anticasta” mientras reparte beneficios a multinacionales pierde legitimidad simbólica. Segundo, el desfasaje entre lo que se dice y lo que se gestiona: la economía real no tolera consignas, y los sectores productivos pampeanos son sensibles a los vaivenes. Y tercero, la ausencia de una dirigencia local con identidad propia: todo depende de Buenos Aires, de la hermana del Presidente, de los operadores del poder central.
El resultado: un espacio que parecía dispuesto a disputar la hegemonía provincial, hoy lucha por conservar algo más valioso que los votos: su credibilidad.
Epílogo: la política después del marketing
En política, las olas duran lo que dura la espuma. La Libertad Avanza quiso presentarse como el tsunami que arrasaría con el viejo orden, pero en La Pampa quedó claro que detrás del marketing hay un proyecto sin raíces. Las denuncias por corrupción, el trato preferencial a los grandes grupos económicos y el desgaste del discurso mesiánico transformaron la promesa de “libertad” en un ejercicio de supervivencia.
La campaña pampeana deja una enseñanza que Milei deberá tomar en serio: el voto bronca puede conquistar el poder, pero no lo sostiene. El desencanto, cuando llega, es más veloz que la esperanza.
Y en política, como en la historia, el que ayer se sentía invencible puede despertar, sin darse cuenta, peleando por no salir tercero.





