Buenos Aires (2b) – El presidente Javier Milei aterrizó en la madrugada de este viernes en Nueva York, en una visita de pocas horas que combina elementos diplomáticos, personales y financieros.
La comitiva presidencial arribó al aeropuerto John F. Kennedy International Airport (JFK) alrededor de las 0:45 h de la madrugada (hora local; 2:45 h en Argentina), tras volar desde Palm Beach (Florida). Lo acompañaban el canciller Pablo Quirno —en su primer viaje al exterior con el nuevo cargo—, el ministro de Economía Luis Caputo, la secretaria general de la Presidencia Karina Milei y el embajador argentino en EE.UU. Alec Oxenford.
El motivo del desplazamiento es doble: por un lado, encuentros con inversores en Nueva York; por otro, una visita de carácter personal a la tumba del Menachem Mendel Schneerson, el “Rebe de Lubavitch”, lugar de significado espiritual para Milei y que él visita cada vez que está en la ciudad. Según ha declarado en otras ocasiones, agradece allí luego de los procesos electorales que lo han llevado al poder.
La escala se da después de su participación en una gala en el complejo del ex-presidente Donald Trump, en Mar-a-Lago (Florida), organizada por la asociación conservadora CPAC, en la que Milei participó junto a figuras estadounidenses y argentinas. En esta oportunidad no se reunió con el presidente estadounidense, con quien se había visto el pasado 14 de octubre en la Casa Blanca.
Contexto e implicancias
Este vuelo y escala en Nueva York reflejan varias cuestiones: un posicionamiento internacional temprano, el cruce entre lo personal y lo simbólico (la visita al Rebe de Lubavitch), y el foco en captar atención e inversión desde el exterior. También se inscribe en un perfil público de Milei que mezcla discurso ideológico, gestos simbólicos y vínculos con distintos espacios de poder internacional.
La visita al cementerio en Queens (donde está enterrado Schneerson) es un momento ritualizado que otros líderes han reproducido, lo que añade una dimensión simbólica a la presencia de Milei en EE.UU. —y marca cómo su frente exterior combina diplomacia, finanzas y branding personal.





