Buenos Aires (2b) – El gobierno de Javier Milei atraviesa un nuevo ciclo de reacomodamientos que coloca bajo la lupa a funcionarios vinculados al entorno de Guillermo Francos y Mauricio Macri, además de un foco creciente sobre áreas bajo la influencia de Santiago Caputo. Fuentes oficiales y del entorno gubernamental admiten que varias piezas del gabinete y del Estado están siendo evaluadas, con posibles salidas, tras las recientes elecciones legislativas y en el marco de la redefinición del equipo de gobierno.
Entre los nombres bajo revisión se encuentran el de Daniel Tillard, presidente del Banco Nación, quien proviene de la banca pública de Córdoba y tiene vínculos profesionales previos con Francos. Aunque su nombramiento data de diciembre de 2023, su continuidad está siendo monitoreada ante cuestionamientos vinculados a su gestión y al desempeño del banco.
Otro funcionario que aparece en el radar es José Rolandi, vicejefe de Gabinete Ejecutivo, considerado cercano a Francos. Según versiones internas, ha sido relegado de parte de la Casa Rosada y se le habría intimado a abandonar el despacho central.
En el ámbito de la salud, la renuncia de Cecilia Loccisano, viceministra de la cartera sanitaria, sumó combustible a la hipótesis de que el equipo gubernamental entra en una “fase de limpieza” para abrir paso a una nueva configuración ministerial.
El trasfondo político es claro: el triunfo legislativo del oficialismo le otorga al Ejecutivo mayor margen para avanzar con reformas estructurales —laboral, previsional y energética— y ello exige un gabinete más alineado, operativo y bajo control directo. En ese marco, las redes de influencia vinculadas a Macri y Francos parecen perder terreno frente a un bloque más cercano a Caputo y al núcleo duro del gobierno.
En concreto, el gobierno busca:
- Fortalecer el control de áreas estratégicas como economía, banca pública y energía, reduciendo la dispersión de poderes.
- Enviar una señal de renovación tras las elecciones para consolidar autoridad interna.
- Limpiar vínculos que puedan entorpecer el ritmo reformista que se pretende imponer.
Aunque no hay confirmaciones oficiales de despidos o ceses masivos, la acumulación de gestos —relocalización de despachos, relevos en cargos operativos y renuncias de segundo nivel— abre la puerta a un ajuste más profundo. En las próximas semanas se esperan otros movimientos en sectores como Energía, Obra Pública y entidades estatales, en cuya supervisión varios funcionarios “macristas” todavía conservan influencia.





