El conflicto que el presidente Javier Milei desató con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) abrió un capítulo inesperado dentro de su propio entorno: Karina Milei quedó en una posición incómoda, atrapada entre la ofensiva de su hermano y el vínculo personal que ella misma construyó con Claudio “Chiqui” Tapia.
La disputa estalló tras la suspensión por seis meses que la AFA aplicó al presidente de Estudiantes, Juan Sebastián Verón, luego de que los jugadores del Pincha se burlaran en el Gigante de Arroyito del título otorgado a Rosario Central por una resolución dirigencial. Milei respaldó de inmediato a Verón y convirtió el episodio en un arma política para apuntar contra Tapia, con el apoyo frontal de Patricia Bullrich, que volvió al libreto que mejor maneja: acusar de “mafia” a todo adversario.
Sin embargo, Karina Milei decidió no subirse al ataque. No fue una decisión casual: desde fines del año pasado mantiene una relación fluida con Tapia, alentada inicialmente por el propio Presidente cuando intentaba abrirse puertas en el mundo FIFA. En diciembre de 2024, la hermana del mandatario viajó a Paraguay para participar del Congreso Extraordinario donde se confirmó la sede inaugural del Mundial 2030. Allí, lejos del radar político, compartió un brindis con Tapia que no pasó inadvertido para Mauricio Macri, quien nunca logró desplazar al dirigente de la AFA.
Desde entonces, Karina mantuvo un vínculo directo y estable con el titular del fútbol argentino, incluso a través de chats privados. Milei, en cambio, se mantuvo siempre al margen: no intervino en el armado de esa relación, no participó de las gestiones y ahora optó por romper el puente con un enfrentamiento público que complica a su propia estratega política.
Karina siente que la pelea con la AFA es un error político. Cree en un uso más estratégico del poder, sin dinamitar contactos que podrían servirle al Gobierno en futuros acuerdos institucionales o internacionales. Bullrich, por el contrario, ya anunció su intención de impulsar una investigación a la AFA desde el Senado, profundizando la grieta interna.
La tensión por ahora no escala, pero deja un mensaje claro: por primera vez, una interna silenciosa dentro del entorno presidencial aparece expuesta en un terreno que combina política, poder y fútbol, un combo que ningún gobierno argentino puede subestimar.





