Buenos Aires (2b) – La relación entre Argentina y Brasil en materia automotriz atraviesa uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas. La agenda 2026 incluye un debate clave que podría cambiar por completo el mapa del sector tal como se lo conoce desde los años 90: el futuro del régimen de comercio administrado conocido como Flex.
Desde comienzos de esa década, ambos países se rigen por un acuerdo automotor bilateral que regula el intercambio de vehículos 0 km a través de un sistema de compensación. Este mecanismo fija un límite a las importaciones libres de arancel en función de las exportaciones realizadas. En la actualidad, el coeficiente es de 2, lo que implica que por cada dólar que un país exporta al otro puede importar dos dólares sin pagar impuestos aduaneros. En julio próximo ese índice se ampliará a 2,5.
El objetivo histórico del Flex fue evitar que la industria brasileña, de mayor escala, inunde el mercado argentino. El sistema obligó a que las automotrices instaladas en Brasil invirtieran también en fábricas en la Argentina si querían aprovechar el beneficio, una política que permitió recuperar plantas y atraer inversiones durante los 90.
En 2019 se acordó un cronograma para ampliar progresivamente el Flex y avanzar hacia el libre comercio total en 2029. Sin embargo, ese punto es el que hoy está en discusión.
El reclamo de las fábricas argentinas
Desde la asociación que agrupa a las automotrices locales, ADEFA, anticipan que este año pedirán formalmente que el libre comercio no se concrete y que se mantenga algún tipo de Flex más allá de 2029. Sostienen que, sin un mecanismo de protección, la producción nacional perdería competitividad frente a Brasil y dejaría de tener sentido mantener plantas en el país.
En la vereda opuesta, Brasil presiona para cumplir con el acuerdo y avanzar hacia el libre comercio pleno entre ambos países, pero con una condición clave: mantener el arancel extrazona del 35% para los vehículos que llegan desde fuera del Mercosur. De ese modo, se protege la producción regional y se limita la competencia externa.
La propuesta argentina y el nudo del conflicto
El Gobierno argentino acepta avanzar hacia el libre comercio en 2029, pero propone reducir el arancel extrazona del 35% al 20%. El objetivo es introducir mayor competencia desde mercados fuera del Mercosur para abaratar los precios de los 0 km y forzar una mejora de eficiencia en la industria local.
Este punto es el corazón de la disputa. Brasil no quiere resignar el arancel externo, mientras que la Argentina no está dispuesta a liberar el comercio bilateral sin bajar esa barrera. Por eso, las negociaciones se encuentran empantanadas.
Un factor político que puede cambiar todo
El desenlace también dependerá de la política interna brasileña. En octubre habrá elecciones presidenciales y Lula da Silva puede ir por la reelección. De confirmarse su continuidad, el sector descuenta que será muy difícil lograr una baja del arancel extrazona. En cambio, un eventual triunfo de un candidato opositor, con perfil más liberal, podría destrabar el escenario y acercar posiciones con la Argentina.
Por ahora, el acuerdo automotor entra en una etapa crítica. Lo que se defina entre 2026 y 2029 marcará el futuro de la industria en ambos países y determinará si la Argentina mantiene su entramado fabril o queda relegada a un rol meramente importador.





