Buenos Aires (2b) – El cierre de 2025 confirmó que la carne vacuna juega su propio campeonato, muy por encima de las posibilidades del bolsillo promedio. Según el último informe del Observatorio de Precios del CEPA, diciembre fue el mes del mazazo final: los cortes subieron un 11,2% promedio, con los cortes «intermedios» liderando las subas (11,4%), seguidos de cerca por los «caros» (11,2%) y los «económicos» (9,2%). Esta uniformidad en los aumentos demuestra que el golpe fue generalizado, afectando desde el asado del domingo hasta la carne picada de la semana.
La brecha con los productos sustitutos se volvió un abismo. Mientras la vaca volaba por las nubes, el pollo apenas subió un 1,2% en diciembre, cerrando el año con un incremento acumulado del 25,6%, una cifra que palidece frente al 70% que registraron los cortes vacunos según el IPCVA. De hecho, la relación de precios entre el asado y el pollo llegó a su punto más crítico: hoy, con lo que cuesta un kilo de asado, se pueden comprar casi 4 kilos de pollo, el valor más alto del último año, lo que empuja inevitablemente a los hogares a cambiar de menú por pura necesidad.
El análisis por canal de comercialización también dejó al descubierto distorsiones importantes. Durante el 2025, las carnicerías de barrio aumentaron sus precios un 75,7%, mientras que en los supermercados la suba fue del 61,5%. Esta diferencia de 14 puntos pone la lupa sobre la formación de precios en la cadena. Con cortes populares como el vacío (76,4%) y el asado (70,5%) liderando la carrera, la carne se consolidó como el gran motor inflacionario del año, moviéndose sistemáticamente por encima del índice general de precios y castigando con especial dureza a las regiones del noreste, donde su peso en la canasta es mayor.





