Buenos Aires (2b) – La renuncia de Marco Lavagna a la conducción del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) sacudió este lunes al principal organismo técnico del Estado y volvió a poner bajo la lupa su grado de independencia, en un contexto particularmente sensible: el inminente estreno del nuevo esquema de medición de la inflación.
La dimisión del funcionario, confirmada por fuentes oficiales a la Agencia Noticias Argentinas, se produjo en medio de un clima interno enrarecido, atravesado por el freno a las actualizaciones salariales y el creciente malestar de los trabajadores del instituto. La combinación de tensión laboral y cambios metodológicos profundizó las dudas sobre el rumbo político que se le imprime al organismo.
Lavagna había desembarcado en el Indec a fines de 2019 con el objetivo explícito de consolidar la reconstrucción de la credibilidad estadística tras años de manipulación y descrédito. Durante su gestión se mantuvieron estándares técnicos y se evitó una injerencia directa del poder político en la producción de datos, un equilibrio que hoy aparece seriamente comprometido.
La salida del director se da, además, en un momento clave desde el punto de vista técnico e institucional: en pocos días está previsto que se difundan los primeros registros de inflación calculados bajo una metodología actualizada. El nuevo Índice de Precios al Consumidor incorpora una reconfiguración de las canastas de consumo basada en patrones más recientes y amplía el universo de bienes y servicios relevados, modificaciones que requieren estabilidad y respaldo político para no quedar bajo sospecha.
Desde el gremio ATE Indec, la decisión fue leída como una señal de alarma. Su delegado, Raúl Llaneza, cuestionó con dureza el momento elegido para el recambio: “Que el titular del organismo se vaya a menos de diez días de la publicación del IPC con nueva ponderación nos pone en estado de alerta”. El sindicato volvió a advertir sobre el riesgo de avanzar hacia un Indec subordinado a intereses coyunturales y reclamó garantías concretas de autonomía.
La renuncia de Lavagna no solo deja un vacío de conducción en un área estratégica del Estado, sino que reabre una discusión de fondo: hasta qué punto el Gobierno está dispuesto a sostener un sistema estadístico robusto, profesional y ajeno a las urgencias políticas de corto plazo.





