General Pico (2b Norte) – La crisis del Frigorífico Pico ha dejado de ser un rumor de pasillo para convertirse en una cruda realidad administrativa. Javier Thomsen, delegado de Relaciones Laborales en General Pico, analizó el panorama de la empresa, confirmando que la ola de telegramas de despido ya es un hecho tras el vencimiento de los plazos legales de los convenios de suspensión.
Según Thomsen, los argumentos esgrimidos por la empresa para justificar la cesantía masiva no se limitan a un solo factor, sino a una suma de variables macroeconómicas que golpearon directamente la estructura de costos y ventas:
Energía y Subsidios: El corte de subsidios eléctricos impactó de lleno en un insumo crítico para la refrigeración de carnes.
Caída del Consumo: La depreciación del mercado interno y el bajo poder adquisitivo frenaron las ventas locales.
Mercado Internacional: La caída de convenios de exportación con China y la devaluación de diciembre de 2023 terminaron por desestabilizar la balanza comercial de la firma.
«Es un combo letal que conspiró contra el frigorífico. No es nuevo que cuando una empresa está a la baja, aparezca un comprador ofreciendo mantener el laburo a cambio de que el trabajador deje sin efecto su historia y su antigüedad», reflexionó Thomsen en declaraciones radiales.
El impacto en los pueblos
La preocupación se extiende más allá de General Pico. Localidades como Trenel y Arata sienten el golpe de manera directa. En Arata, por ejemplo, el impacto es tal que el propio municipio costeaba el transporte de los operarios para asegurar la fuente de trabajo.
Para el delegado, la pérdida de estos empleos genera un desequilibrio económico difícil de revertir en comunidades pequeñas: «No queda duda de que la cesantía de muchos genera un problema social. El 80% de los despedidos va a tener serias dificultades para reinsertarse; no todos pueden ponerse una carnicería o ser Uber».
El futuro de la planta
Aunque circulan versiones sobre empresas interesadas en reactivar el frigorífico, el delegado advirtió sobre la metodología recurrente en estos procesos: la intención de los nuevos capitales de «empezar de cero», desconociendo las deudas salariales y la antigüedad de los trabajadores, lo que deja a los empleados en una posición de vulnerabilidad extrema.
Por el momento, la delegación continúa recibiendo a trabajadores para blanquear las situaciones de despido y asesorar sobre los pagos de sumas fijas (como los 500 mil pesos entregados en enero) que no llegan a cubrir la totalidad de los haberes adeudados.





