General Pico (2bNorte) – El cierre del feriado dejó una postal inquietante en General Pico: en un radio de apenas 200 metros, dos episodios violentos protagonizados por lavacoches expusieron una escena que empieza a repetirse con mayor frecuencia en la vía pública.
Todo ocurrió alrededor de las 21, cuando un primer enfrentamiento se desató en la intersección de calles 19 y 18. Allí, dos hombres se trenzaron en una pelea que motivó la intervención de personal de la Comisaría Primera. Sin embargo, al llegar los efectivos, el conflicto se diluyó en el clásico silencio: ninguno de los involucrados quiso denunciar ni dar detalles, y ambos se retiraron como si nada hubiera pasado.
Pero la noche no terminó ahí. Mientras la Policía aún trabajaba en ese primer episodio, llegó un nuevo aviso, esta vez por una situación mucho más grave en calle 24, entre 17 y 19. A pocas cuadras, la violencia escaló.
En este segundo hecho, uno de los protagonistas terminó con lesiones de consideración: traumatismo facial severo, pérdida de piezas dentarias y un cuadro de sangrado que obligó a una rápida intervención del Servicio de Emergencias Médicas. El hombre fue trasladado al hospital en estado semiinconsciente.
Dos peleas, en pocos minutos y a metros de distancia, que no solo encendieron la alarma por el nivel de violencia sino también por el trasfondo: la creciente conflictividad en torno a los lavacoches en zonas urbanas.
No es un dato aislado. En distintas ciudades del país —y también en La Pampa— se repite una escena donde la informalidad, la falta de regulación y la tensión en el espacio público terminan derivando en situaciones límite. Discusiones por territorio, disputas entre grupos o conflictos con automovilistas suelen ser el caldo de cultivo.
En este caso, el hermetismo de los involucrados en el primer hecho y la falta de denuncias complican la reconstrucción de lo ocurrido. La investigación quedó en manos de la Policía, aunque con pocas pistas concretas.
Lo cierto es que, en cuestión de minutos, una noche que transitaba con normalidad terminó atravesada por la violencia. Y dejó una pregunta abierta que ya no es nueva: cuánto más puede escalar un fenómeno que, hasta hace no tanto, parecía marginal y hoy empieza a ocupar el centro de la escena urbana.





