Buenos Aires (2b) – La movilización por el 50° aniversario del último golpe militar volvió a ser una vidriera política de alto voltaje. Pero esta vez no fue solo memoria: fue también interna, reposicionamiento y mensaje directo al Gobierno nacional. Y en esa escena, el kirchnerismo pampeano no pasó desapercibido.

Dirigentes de peso como los diputados provinciales Luchy Alonso y Martín Balsa, junto al secretario de Turismo Saúl Echeveste, formaron parte de la nutrida delegación pampeana que viajó a la Ciudad de Buenos Aires para sumarse a la marcha convocada por organismos de derechos humanos y espacios políticos opositores.
No fue una presencia menor ni protocolar. La columna no solo marchó hacia Plaza de Mayo: también pasó por San José 1111, el departamento donde cumple prisión domiciliaria Cristina Fernández de Kirchner, en un gesto que condensó el eje político de la jornada: memoria, pero también “Cristina Libre”.

La ex presidenta salió al balcón en varias oportunidades y saludó a la militancia, en una postal que ya se convirtió en símbolo de esta nueva etapa del kirchnerismo. Abajo, los cánticos mezclaban consignas históricas —“30.000 presentes”— con una narrativa más actual: denuncias contra la Justicia, críticas al Gobierno de Javier Milei y el ya clásico “vamos a volver”.
La presencia de dirigentes pampeanos en ese tramo no es un dato menor. Marca alineamiento político en un momento donde el peronismo redefine liderazgos y estrategias frente a un oficialismo que avanza con reformas estructurales y un discurso frontal contra el legado kirchnerista.
La columna de La Cámpora, que partió desde la ESMA, fue una de las más visibles de la jornada. Recorrió buena parte de la ciudad hasta confluir en el microcentro, pero el paso por Constitución fue el punto de mayor carga simbólica: el movimiento organizado, la militancia y su principal figura, aunque hoy esté fuera de la cancha electoral.
En ese contexto, la consigna “Cristina Libre” no fue solo una bandera más. Funcionó como ordenador político de una parte del peronismo que busca reagruparse en torno a la figura de la ex mandataria, pese a su condena en la causa Vialidad y la inhabilitación para ejercer cargos públicos.
Para el oficialismo, en cambio, esa escena refuerza el relato de una dirigencia que se resiste a aceptar las decisiones judiciales. Y ahí se instala la grieta que atraviesa toda la jornada: derechos humanos como política de Estado versus reinterpretación del pasado reciente.

Pero en clave pampeana, el dato es otro: los principales referentes del kirchnerismo local eligieron estar. No hubo ambigüedad ni perfil bajo. Alonso, Balsa y Echeveste se sumaron a una movilización que no solo recordó el pasado, sino que también proyectó una disputa hacia adelante.
Porque el 24 de marzo sigue siendo una fecha de memoria. Pero en la Argentina de hoy, también es territorio de batalla política. Y esta vez, La Pampa jugó de ese lado de la cancha.





