Buenos Aires (2b) – El gobierno de Javier Milei atraviesa un marzo cuesta arriba en términos de opinión pública. A los ruidos políticos de las últimas semanas ahora se suma un dato que en la Casa Rosada miran con atención: la última encuesta de la Universidad de San Andrés confirmó un deterioro en la aprobación presidencial y un cambio en las preocupaciones sociales que empieza a jugar en contra.
El relevamiento —uno de los más seguidos por la dirigencia política— muestra que la desaprobación de la gestión subió 7 puntos desde noviembre y alcanzó el 59%, mientras que la aprobación cayó al 38%. No es un derrumbe, pero sí una señal clara de desgaste en un momento donde el Gobierno necesita sostener capital político para avanzar con su agenda.
El dato no llega en el vacío. La medición se realizó entre el 10 y el 17 de marzo, en medio de la creciente exposición del jefe de Gabinete Manuel Adorni por distintos escándalos, que empezaban a instalarse con fuerza en la agenda pública. Sin medirlos directamente, el contexto parece haber impactado.
Pero el problema de fondo no es solo político. Es económico.
Por primera vez en mucho tiempo, la inflación dejó de ser el principal tema de preocupación y fue desplazada por variables más concretas en el bolsillo. Los “bajos salarios” encabezaron el ranking con 37% de las menciones, seguidos muy de cerca por la “falta de trabajo” con 36%. La “corrupción” quedó tercera.
El dato más sensible para el Gobierno es que la preocupación por el empleo creció con fuerza, en línea con otras mediciones recientes. No es solo percepción: empieza a consolidarse como eje central del malestar social.
A eso se suma otro indicador que en Balcarce 50 no pasa desapercibido: el pesimismo. El 46% de los encuestados cree que la situación del país va a empeorar en el próximo año, contra apenas un 30% que espera mejoras. Es un giro importante respecto a meses anteriores, cuando la expectativa jugaba a favor del oficialismo.
Ese cambio de humor social es clave. Durante la primera etapa de gestión, Milei logró sostener apoyo en base a una promesa de futuro. Hoy, esa expectativa empieza a resquebrajarse.
En el plano de imagen, el Presidente sigue encabezando el ranking con 38% de valoración positiva, pero el dato viene acompañado de una advertencia: ningún dirigente tiene hoy diferencial positivo. Es decir, todos tienen más rechazo que apoyo.
Detrás aparecen Patricia Bullrich, con 36%, y una sorpresa política: Myriam Bregman, que se posiciona tercera con 33%, capitalizando parte del descontento. Más atrás se ubican Axel Kicillof, Victoria Villarruel y Cristina Fernández de Kirchner, todos en un escenario de alta negatividad.
Dentro del propio Gobierno, la figura de Adorni aparece especialmente golpeada: es uno de los funcionarios con peor diferencial de imagen, junto a Karina Milei. Un dato que agrega ruido interno en un momento delicado.
El cuadro que deja la encuesta es claro: el Gobierno entra en el segundo trimestre del año con menos margen político, más presión social y un clima económico que empieza a pesar más que el relato.
La paciencia, ese activo invisible que sostuvo a Milei en el arranque, muestra señales de agotamiento. Y en política, cuando la expectativa se cae antes que los resultados lleguen, el costo suele ser inmediato.





