Buenos Aires (2b) – La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner volvió a meterse en el centro de la escena política tras el fallo favorable a la Argentina en la causa por la expropiación de YPF, y aprovechó para hacer algo que le sale natural: reivindicar decisiones propias y, de paso, dejar un mensaje con doble destinatario —afuera y adentro del país.
Desde su cuenta, Cristina no solo agradeció al estudio jurídico que defendió al Estado, sino que insistió en una idea clave: que ninguna cláusula empresarial puede estar por encima de la Constitución. Traducido al criollo: primero manda el país, después los contratos.
La ex mandataria remarcó que la estatización de 2012 fue “conforme a derecho”, una frase que no es casual. En medio de un escenario donde el discurso oficial suele apuntar a achicar el rol del Estado, Cristina eligió reforzar exactamente lo contrario: la intervención estatal como herramienta legítima, legal y —según su mirada— estratégica.
Y ahí aparece el segundo eje del mensaje: Vaca Muerta. La ex presidenta vinculó directamente la recuperación de YPF con el desarrollo energético posterior, subrayando el superávit actual como prueba de que aquella decisión no solo fue legal, sino también rentable. Un tiro por elevación a quienes, en su momento, denunciaban la medida como un error económico.
El fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York —que además dejó a YPF fuera de responsabilidad directa— le da aire a esa narrativa. Aunque la historia judicial todavía no está cerrada y podría escalar a la Corte Suprema de Estados Unidos, el resultado parcial ya funciona como insumo político.
Porque en Argentina, ningún fallo es solo judicial. Siempre es también relato.
Y en ese terreno, Cristina juega de memoria.





