Buenos Aires (2b) -La promesa era simple: menos regulación, más oferta, precios a la baja. La realidad fue otra. Desde la derogación de la Ley de Alquileres a fines de 2023, el mercado inmobiliario se reconfiguró, pero no en favor de quienes alquilan. Según un informe del Centro RA de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, el costo de la vivienda se disparó muy por encima del promedio general de precios.
Mientras la inflación acumulada rondó el 209% en el período analizado, el rubro vivienda —que incluye alquileres y servicios— trepó cerca del 400%. Es decir, casi el doble. Dentro de ese salto, los alquileres encabezaron la escalada con un 423%, seguidos por aumentos fuertes en servicios básicos como gas, electricidad y agua.
El argumento oficial sostenía que liberar el mercado incentivaría la oferta y generaría competencia. Sin embargo, lo que se observa es una presión creciente sobre los inquilinos, en un contexto donde los ingresos corren muy por detrás. La desregulación no abarató el acceso a la vivienda: lo encareció.
El fenómeno no aparece aislado. Otros rubros clave como transporte, educación y comunicaciones también superaron la inflación promedio, configurando un escenario donde sostener condiciones básicas de vida se vuelve cada vez más difícil.
En contraste, algunos alimentos y bienes mostraron subas más moderadas, lo que revela una dinámica desigual: no todo aumenta al mismo ritmo, pero lo esencial —techo y servicios— lidera la carrera.
El resultado es concreto: alquilar hoy no solo es más caro, sino estructuralmente más inaccesible.





