Buenos Aires (2b) – La situación patrimonial del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, suma un nuevo capítulo y vuelve a agitar el tablero político en medio de la investigación judicial que lo tiene bajo la lupa.
En las últimas horas se conoció que el funcionario también hipotecó el departamento en el que vivía previamente con su familia, ubicado sobre la calle Asamblea al 1100, en la Ciudad de Buenos Aires. Según surge de registros oficiales a los que accedió La Nación, la operación le permitió acceder a un préstamo de 100.000 dólares, otorgado —una vez más— por particulares.
El dato no pasó desapercibido: el crédito fue concedido por dos mujeres a Adorni y a su esposa, Bettina Angeletti, y se instrumentó el mismo día en que Angeletti adquirió una vivienda en el country Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz. Una sincronía que en política rara vez es casual y que ahora suma preguntas.
El esquema se repite. Sobre ese mismo departamento ya pesaba una hipoteca previa desde 2014, también vinculada a la operación de compra. Y, como en el caso del inmueble de Caballito, las figuras de quienes venden y financian vuelven a entrelazarse en una ingeniería financiera que despierta suspicacias.
Aunque las acreedoras figuran declaradas en su presentación ante la Oficina Anticorrupción, los montos consignados no coincidirían con la totalidad del crédito garantizado, lo que alimenta aún más las dudas sobre la consistencia de la información patrimonial.
Todo esto ocurre mientras la Justicia avanza. El fiscal Gerardo Pollicita citó a declarar a la escribana que intervino en varias de las operaciones inmobiliarias del funcionario, en busca de reconstruir el circuito completo de compras, préstamos e hipotecas.
En paralelo, el tema ya se metió de lleno en la interna del oficialismo. Mientras el presidente Javier Milei salió a respaldarlo públicamente y pidió al Gabinete cerrar filas, en los pasillos de la política crece el murmullo: el caso dejó de ser solo judicial para convertirse en un problema político.
El combo no ayuda. En poco más de un año, el patrimonio de Adorni sumó una casa en un country, un departamento de alto valor en Caballito y un vehículo de gama media-alta, todo en medio de un ajuste que golpea el bolsillo de la mayoría.
Sin explicaciones públicas detalladas y con nuevas revelaciones que aparecen semana a semana, la pregunta empieza a instalarse con fuerza: ¿es solo una cuestión de papeles o el Gobierno enfrenta su primer gran desgaste por un caso propio?
Por ahora, el expediente sigue su curso. Pero en política, muchas veces, el daño no lo define un juez sino la percepción. Y ahí, el caso Adorni ya entró en zona de riesgo.





