Santa Rosa (2b) – En una entrevista brindada al programa Rosca y Paravalanchas que se emite todos los martes 20:00 horas por Mirá Streaming, el diputado vernista Hernán Pérez Araujo dejó varias definiciones que, leídas en clave política, permiten entender no solo el estado del peronismo pampeano sino también su lógica de funcionamiento hacia 2027.
Lejos de dramatizar el escenario interno, Pérez Araujo se paró en una tradición que el vernismo viene reivindicando hace años: la competencia como mecanismo ordenador, no como ruptura. “Si tiene que haber interna… ha habido interna. Ganamos la interna y después fuimos todos unidos a la elección”, recordó, trayendo a la mesa los antecedentes de 2007 y 2015, dos momentos donde el PJ resolvió tensiones en las urnas sin pagar costos electorales.
Pero no se quedó en la nostalgia. También dejó entrever que hoy el escenario es distinto. “Yo soy de los que va a apostar a que haya consenso… y que haya una fórmula de síntesis que nos represente a todos”, planteó, marcando una preferencia clara: evitar la interna si es posible. No por debilidad, sino por contexto. En un año preelectoral sin reelección del gobernador, con varios aspirantes en danza, el equilibrio interno pasa a ser un activo político en sí mismo.
Ahí aparece una de las claves más interesantes de su discurso: la interna no es un problema, pero el tiempo sí. Al referirse al intento fallido de renovación partidaria del año pasado, fue directo: “Entendíamos que no era el momento… debíamos prorrogar los mandatos hasta después de la elección”. Y remató con una frase que, más que autocrítica, funciona como advertencia: “Primó la decisión contraria y después pasó lo que pasó”.
Sin señalar responsables, pero dejando claro el diagnóstico, Pérez Araujo sugiere que el peronismo no falló en su capacidad de ordenarse, sino en la lectura del timing político. Aun así, vuelve a la lógica madre del espacio: “Terminó todo ordenado”.
En paralelo, introduce otro eje central de la rosca: la discusión no es solo interna. Hay una disputa por el centro político pampeano. Y ahí es donde el vernismo vuelve a poner sobre la mesa una de sus cartas históricas. “Verna siempre interpretó el lenguaje de un sector de la provincia que por ahí no es votante natural del peronismo”, sostuvo, en una definición que explica buena parte del éxito electoral del espacio. No es solo identidad partidaria: es capacidad de ampliación. Es, en términos más crudos, construir poder más allá del núcleo duro.
Esa mirada se conecta con otra afirmación que pasó casi como al pasar, pero que tiene peso estratégico: “Hay que hablar con todos… incluso con aquellos que no son peronistas y nos han acompañado históricamente”. En un escenario donde la oposición ensaya un frente antiperonista, el diputado no se limita a mirar hacia adentro, sino que plantea una disputa por aliados externos.
Mientras tanto, del otro lado del mostrador, también observa movimientos. “Se están peleando por ver quién encabeza ese problema”, dijo sobre la oposición, en una frase que mezcla ironía y lectura política. Y remató con un dato que no es menor: la supuesta unidad antiperonista muestra fisuras concretas, incluso en votaciones legislativas.
En ese marco, la famosa discusión por “la lapicera” aparece relativizada. “Es una cuestión de nombres y no de partidos… la fórmula la va a calificar un peronista”, afirmó, bajándole el tono a una disputa que en otros distritos suele escalar. El mensaje es claro: el liderazgo se ordena, no se rompe.
Incluso cuando se mete en el barro, evita dinamitar puentes. Reconoce diferencias, admite tensiones (“hay tensiones lógicas en un año preelectoral”), pero siempre vuelve al mismo punto: el peronismo pampeano tiene mecanismos que funcionan.
“Siempre han funcionado”, insiste.
En definitiva, más que definiciones rimbombantes, lo que dejó Pérez Araujo es una hoja de ruta. Un peronismo que no le teme a la interna, pero que hoy prefiere el consenso; que reconoce errores tácticos, pero reivindica su capacidad de orden; y que, sobre todo, sigue mirando más allá de sí mismo, buscando sostener ese diferencial histórico: ser opción también para los que no son peronistas.





